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Una sexualidad
satisfactoria
Envejecer
no significa perder el deseo o la necesidad de afecto e intimidad. La necesidad
de intimidad física y conexión emocional no tiene edad. De hecho, compartir la
vida en una relación satisfactoria - que incluye también a la sexualidad - puede
tener efectos positivos en muchos aspectos de la vida, desde la salud física
hasta la autoestima.
Afortunadamente, muchas personas continúan teniendo fantasías y deseos a lo
largo de sus vidas, incluso a edades avanzadas. Y aunque la sexualidad a los 60
o 70 años no es igual a la de los 20 o 30, con un poco de atención y esfuerzo
extra puede ser tan satisfactoria y disfrutable como siempre.
La clave es comprender los cambios propios y de la pareja en los aspectos
físicos y psicológicos en relación a la edad, y hacer ajustes que ayuden a
acomodarse y capitalizar estas novedades.
Cambios
físicos
La testosterona es una hormona mágica que regula la conducta sexual humana. No
importa si usted es hombre o mujer, la testosterona es la clave.
La mayoría de los hombres y mujeres continúan produciendo suficiente
testosterona a lo largo de los años como para mantener su interés en la
sexualidad. Si usted está perdiendo este interés, una de las primeras cosas que
puede hacer es ir a un chequeo médico para verificar su nivel de testosterona.
Al mismo tiempo, el proceso de envejecimiento lleva a otros cambios en su cuerpo
que pueden hacer que la sexualidad sea más retadora para usted y su pareja.
En vez de ser el comienzo del fin, estos cambios pueden darles nuevas razones
para hablar acerca de sus necesidades cambiantes y explorar nuevas técnicas y
posiciones.
Los cambios relacionados a la edad son diferentes para los hombres y las
mujeres, y es importante comprender qué está experimentando cada uno.
Los cambios físicos más relacionados a la edad en las mujeres que afectan su
sexualidad tienen que ver en cierta medida con la menopausia y la reducción de
los niveles de estrógeno.
A medida que se envejece, la relación sexual puede volverse menos confortable o
incluso dolorosa. La vagina pierde elasticidad con el correr de los años, lo que
significa que no se extiende tanto o tan fácilmente como antes, y toma más
tiempo lograr la lubricación necesaria. Algunas mujeres experimentan una
sensación de ardor durante el acto o incluso de irritación posterior.
Un juego previo más prolongado puede ayudar a estimular la lubricación natural y
se pueden usar lubricantes a base de agua para mejorar esta condición. También
puede hablarse de esto con un profesional de la salud para buscar una terapia
adecuada para mejorar el balance hormonal.
De hecho, tener relaciones con regularidad puede ayudar a mantener mucho mejor
la lubricación y elasticidad. Por otra parte, si no ha mantenido relaciones por
un tiempo, posiblemente tomará algo más de paciencia volver a retomar cierta
normalidad.
Es importante hablar con la pareja sobre lo que se experimenta, y avanzar
lentamente para mejorar las condiciones y minimizar las incomodidades.
En el caso del hombre, puede tomar más tiempo alcanzar la erección a medida que
pasan los años. Además, la erección puede no ser tan firme o durar tanto como
cuando se es más joven. La edad también lleva a requerir más tiempo entre
posibles eyaculaciones.
También en estos casos es importante hablar francamente con la pareja, e
intentar diferentes posiciones que puedan facilitar la relación y volverla más
agradable para ambos. Hablar con el médico, por otro lado, puede ayudarle a
alcanzar y mantener la erección.
Cambios
psicológicos
Una vida sexual saludable en la tercera edad es materia de salud tanto física
como mental. El estrés, la ansiedad y la depresión pueden afectar su interés en
el sexo y su capacidad de excitarse, así como reducir los niveles hormonales.
También la apariencia física puede convertirse en un problema, a medida que se
siente menos atractivo/a para su pareja. Estos sentimientos pueden volver menos
deseable la sexualidad y causar que la pareja también pierda interés. Además, el
retiro y otros cambios de esta etapa de la vida pueden llevarles a sentirse
inciertos respecto a su sentido y propósito, y esto disminuirá su autoestima.
Todos estos cambios psicológicos pueden disminuir el interés sexual, hacerlo más
dificultoso e incluso interferir en la capacidad de conectarse emocionalmente
con la pareja. Si esto sucede, puede ser una buena opción hablarlo con un
terapeuta.
En la sexualidad, el estrés que surge de la preocupación de cómo se va a
ejecutar, o si se merece este tipo de atención de la pareja, puede llevar a
impotencia en el hombre y falta de excitación u orgasmo en la mujer.
El mejor antídoto de estos problemas es la comunicación con la pareja.
Explíquele las ansiedades que está sintiendo, hable y acepte, y tómelo con calma
para evitar presiones.
La influencia de la salud
Algunos problemas médicos, y sus tratamientos, pueden interferir con la forma en
que una persona responde sexualmente hacia otra.
El dolor crónico, la cirugía o una enfermedad que causa fatiga severa puede
hacer que la sexualidad sea difícil y dolorosa. Las drogas que controlan la
presión alta pueden reducir el deseo, y disminuir la lubricación femenina o
hacer que el hombre tenga mayores dificultades para alcanzar o mantener su
erección. Algunos otros medicamentos pueden afectar igualmente. Los
antihistamínicos, antidepresivos y los antiácidos pueden causar problemas
sexuales a algunas personas.
Siempre pregunte a su doctor cómo su condición médica, remedios y tratamientos
pueden afectar su funcionalidad y deseo sexual. Averigüe cómo puede evitar que
los remedios la afecten, o cómo minimizar estos efectos.
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