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El
uso del corralito
Los
corralitos tienen sus pros y sus contras. Utilizados con prudencia y de vez en
cuando pueden prestar un buen servicio a los padres y ser para el niño un lugar
de juegos muy seguro. Mal empleados, sin embargo, pueden obstaculizar el
desarrollo normal del niño. Cuando el pequeño pasa mucho tiempo allí dentro sin
que nadie le haga caso, puede acabar aburrido, frustrado e incluso deprimido.
Todavía es más perjudicial recurrir
al corralito cuando el niño ya sabe andar. Hay indicios fiables de que los niños
que pasan muchas horas confinados en el corralito o en la cuna tardan más en
hablar y en dominar la coordinación. Remediar las consecuencias del encierro
impuesto no es fácil.
Antes de empezar a gatear, la
mayoría de los niños tolerarán el relativo aislamiento del corralito durante
breves períodos. Pero gatear estimula el deseo de explorar el mundo. Cuando el
niño descubre la constante emoción que le depara el desplazarse de un lado a
otro y luego a otro, el poder tomar parte en lo que pasa, no es probable que se
conforme con el encierro.
Por lo tanto, a medida que el
pequeño vaya creciendo, utilice el corralito con menor frecuencia y reduzca los
períodos de estancia. Cuando comience a gatear, déle mucho tiempo para que
recorra y explore la casa a sus anchas. Cuanto más pueda el niño ejercitar su
curiosidad, más inteligente y creativo será. Si pone al niño en el corralito
para poder planchar, lavar o cocinar, colóquelo cerca de usted y hable con su
hijo mientras trabaja. Esto le mantendrá activo y estimulará el desarrollo del
lenguaje.
Proteja la salud de su hijo
procurándole un entorno seguro en el que llevar a cabo sus exploraciones sin
tener que experimentar frecuentemente la frustración, el aburrimiento o el
castigo. Estableciendo las limitaciones de manera razonable y guiado por el
cariño, usted no sólo garantiza la seguridad del pequeño sino que también
favorece su desarrollo y crea para usted un ambiente más relajado.
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