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Algunas normas del buen descanso

¿A qué edad el bebé aprende a dormir?

No antes de los seis meses. Para ayudarlo, hay que tratar de establecer rutinas diarias y que se duerma en el mismo lugar donde va a pasar la noche. Las circunstancias en que el niño concilia el sueño no deben cambiar en toda la noche.

¿Hay que acostarlo siempre a la misma hora?

Sería lo ideal. No se trata de ser inflexibles, pero unos padres demasiado relajados y permisivos podrían tener un niño con dificultades de sueño. La regularidad de los horarios y actividades durante el día conlleva la regularidad en los hábitos de sueño.

¿Qué hacer si llora en mitad de la noche?

Con frecuencia, en cuanto se desvela el bebé, vamos corriendo para consolarlo y permanecer a su lado. Así lo acostumbramos a que, cada vez que se despierte, llore para reclamar lo que le parece normal. Siempre que el pequeño nos llame, debemos ir con él, comprobar que se encuentra bien y demostrarle que no lo hemos abandonado (podemos tocarlo con suavidad o hablarle, poco y bajito, sin prender la luz), pero es importante salir de nuevo a los dos o tres minutos, antes de que se haya dormido. Cada vez que vuelva a llorar, repetiremos la visita sin enojarnos con él. Este proceso no demorará más que algunos días, y el niño pronto entenderá que es mejor dormir en la noche, dado que en ese horario no vendrán a levantarlo y jugar con él.

¿Cuándo conviene trasladarlo a su habitación?

Lo ideal es que ya esté acostumbrado a dormir en su cuarto antes de los ocho meses, que es cuando suele aparecer la etapa de la angustia de la separación de la madre, que se conoce vulgarmente como "angustia del octavo mes". El traslado no debe coincidir con otras novedades, como la incorporación de la madre al trabajo, el destete o una enfermedad. Hay que elegir un cuarto próximo al de los padres y dejar abiertas las puertas.

¿Cuánto debe durar la siesta?

Hay niños que duermen una siesta bastante prolongada, y otros que sólo necesitan unos pocos minutos de descanso. Las dos situaciones son normales y no hay que luchar contra la naturaleza.

¿Tiene que dormir a oscuras?

Es importante que asocie el sueño nocturno a la oscuridad, porque facilita al bebé establecer el ritmo día-noche. Puede dormir la siesta con luz, pero no conviene dejarla encendida por la noche ni encenderla cuando vamos a atender al pequeño. Podemos sí utilizar una luz muy tenue, como la que entra por la persiana o una luz de seguridad que nos permita movernos sin riesgos, pero nada más.

¿Necesita silencio?

Es bueno mantener ciertas condiciones que favorezcan el descanso, pero no hay que exagerar: los niños deben adaptarse al medio en que viven. Está bien reducir el ruido, aunque sin impedir el normal desarrollo del hogar. Durante las siestas, se debe permitir algo más de ruido para que el bebé aprenda a distinguir el día de la noche.

¿Cuándo dejará la toma nocturna?

A partir de los seis meses, el bebé no necesita la toma nocturna; es más, conviene que su aparato digestivo descanse durante unas horas. Pero debe eliminarse de forma gradual, nunca con brusquedad.

Si toma pecho, podemos reducir progresivamente el tiempo de su alimentación e incrementar la espera entre una toma y otra. Después de amamantarlo, hay que dejarlo en su cuna y salir de su cuarto, tanto si está dormido como si no. En el caso de que, al cabo de dos horas, llore o se despierte, no hay que darle el pecho de forma inmediata. Debemos ir y tratar de calmarlo acariciándolo o hablándole, sin sacarlo de la cuna.

Si toma mamadera, podemos reducir la cantidad de alimento en unos diez ml cada dos o tres días y, al mismo tiempo, atrasar diez minutos el momento de la mamadera. Por ejemplo, si suele tomar 250 ml de leche a las dos de la mañana, le daremos 240 ml a las dos y diez, y a los dos o tres días, reduciremos la cantidad a 230 ml y atrasaremos a la hora a las dos y veinte, y así hasta eliminar la toma en un tiempo no inferior a tres semanas.

¿Y si va a la cama de los padres?

Cuando es excepcional no hay problema, pero si se convierte en una costumbre, sí. Los niños que duermen en la cama de los padres de forma habitual tienen un sueño menos profundo y reparador, y sufren más despertares nocturnos, cansancio por las mañanas y dificultades a la hora de acostarse.

Si nuestro hijo nos visita cada noche, debemos explicarle que tiene su propia cama y esto forma parte del proceso natural de hacerse grande, como atarse los cordones o ir al baño solo, por ejemplo. Junto al elogio, podemos usar recompensas, premiando sus adelantos en la independencia nocturna. Estaría bien hacer un gráfico con forma de cama, donde puntuemos las noches o los períodos de la noche en que duerme solo. Cada vez que el niño logre un punto en cada esquina de la cama (cuatro noches completas en su cuarto), ganará un premio, no necesariamente material.

Cuando el pequeño se presente en nuestro cuarto, debemos acompañarlo al suyo, de forma cariñosa, pero firme.

¿Qué hacer para que no madrugue tanto?

Puede ser que el pequeño no necesite dormir más. Hay que considerar el momento de acostarlo según sus necesidades de sueño.

Si madruga por una influencia externa (luz, ruidos, etc.) bastará con eliminar la perturbación.

Otras veces, el problema es que se acuesta muy temprano durante muchos días y su horario está desfasado. En caso de que querramos corregir la hora, habremos de atrasar el momento de ir a la cama unos diez minutos cada día unos diez minutos cada semana hasta alcanzar el horario adecuado.

No podemos obligar al niño a dormir más horas de las que quiere, pero cuando es un poco más grandecito, sí podemos pedirle que permanezca en su cama o su habitación hasta una hora razonable. Al acostarlo, se le explica que cuando se despierte debe esperar en su cuarto con sus juguetes (un ratito, no tres horas).

Otra cosa que podemos hacer es enseñarle a dormirse si se despierta antes de lo que necesita su cuerpo. Por la noche nos acostaremos un rato con él en su cama y le hablaremos de lo que hay que hacer para quedarse dormido; le diremos que cierre los ojos y, en un tono suave y calmado, le contaremos un cuento. La noche siguiente volveremos a recordarle todo esto y, si es capaz de dormirse solo por la mañana después de haberse despertado, no olvidemos premiarlo siquiera felicitándolo.

¿Hasta cuándo podemos dejar que duerma con un muñeco?

Puede hacerlo todo lo que quiera. Si el niño se siente seguro y feliz con su peluche u objeto de consuelo, no hay inconveniente en que lo siga usando. Nosotros debemos permitirle explorar el mundo que lo rodea, apoyarlo y reforzar sus adelantos evolutivos. Cuando se sienta seguro, él mismo decidirá dejarlo.

¿Cómo saber si duerme lo necesario?

A diferencia de lo que nos pasa a los adultos, los niños que no duermen lo suficiente no suelen manifestar somnolencia o cansancio.

La falta de sueño puede causar en ellos irritabilidad, inquietud y dificultad para tolerar la frustración.

Es posible que muestren apatía y falta de atención, y que necesiten más esfuerzo y motivación para afrontar cualquier tarea. Pueden sufrir dolores de cabeza, disminución del rendimiento escolar y mayor predisposición a los accidentes.

¿Cuántas horas necesita dormir?

Recién nacido: hasta 17 horas al día, repartidas en unas 9 nocturnas y 3 o 4 siestas.

Antes del año: 11 horas por la noche y 3 por el día.

De 1 a 3 años: Entre 10 y 13 horas diarias.

De 4 a 5 años: De 10 a 12 horas.

De 6 a 8 años: De 11 a 12 horas de sueño.

De 10 a 12 años: Alrededor de 10 horas.

Decálogo para un buen descanso

1. No dejar al bebé en la cuna cuando esté despierto durante el día.

2. Tenerlo en brazos al menos tres horas durante el día, mientras esté tranquilo y no porque llore. Mecerlo y consolarlo siempre que lo necesite. Jugar con él, estimularlo, darle mucho afecto y dedicarle tiempo.

3. Establecer ritmos fijos en las horas de acostarlo y levantarlo, comer, pasear, bañarlo...

4. Que el sueño no parezca un castigo o una separación. Persuadir al pequeño de que dormir es una recompensa, una necesidad y un placer.

5. La rutina de acostarse debe proporcionar una sensación de seguridad cálida, con actividades tranquilas. Para hacer patente esta rutina, si el niño es un poquito más grande utilizaremos una señal, que puede ser cuando termine tal programa de televisión o cuando las agujas del reloj lleguen a determinado lugar.

6. Establecer un ritual a la hora de acostarlo, con un cuento, una canción, mimos y sus objetos de consuelo: un muñeco, un pañal, etc.

7. El contacto físico lo tranquiliza. Antes de acostarlo, podemos tomarlo en brazos y hablarle suavemente mirándolo a los ojos, mecerlo, tararear una canción de cuna... Cuando se tranquilice, sin esperar a que se duerma, podemos acostarlo en su cuna y permanecer un ratito a su lado, acariciarlo, tomarle una mano, hablarle en voz baja. Al bebé más grandecito podemos leerle un cuento, recitarle rimas, mostrarle fotos. Si le agrada, le daremos su chupete y su osito.

8. Cuidar que esté cómodo para la noche: pañal limpio, buena temperatura, pijama adecuado, silencio, oscuridad...

9. Después de un rato agradable con él, despedirse siempre con las mismas palabras y dejarlo en su cuna antes de que se duerma.

10. No cansarlo con la idea de que así dormirá mejor. Cuanto más agotado esté, peor noche pasará.

Cómo reeducarlo

- Elegir un muñeco, ponerle un nombre y decirle al niño que, a partir de ahora, será su amigo y que va a dormir con él.

- Acostar al pequeño en su cuna. Si se resiste a acostarse, dejarlo sentado y no impedir que se levante.

- A un metro de la cuna, decirle con seguridad y cariño que va a aprender a dormirse solo. Hablarle tranquilamente, entienda o no, durante medio minuto.

- Salir de la habitación y, si llora, esperar 30 segundos antes de entrar de nuevo. Cuando vuelva a llorar, esperar un minuto, luego dos, tres... hasta cinco minutos antes de entrar a ver qué le ocurre. Ir a su lado siempre, pero sin mostrar agresividad, sólo firmeza y convicción en que vamos a enseñarle a dormirse solo.

- Si el pequeño duerme ya en la cama y se levanta, conducirlo de nuevo a ella todas las veces que sea necesario, con firmeza pero sin agresividad.

- No perder la calma ni gritar cuando el niño se despierte a media noche. Esto sólo empeora la situación. Tardará más en volver a dormirse.

- Cuando nos esté dando una mala noche, reflexionemos sobre lo ocurrido durante el día. Si ha habido un cambio reciente en su vida, no podemos esperar que duerma profundamente. También es común que un niño que está haciendo un cambio o descubrimiento propio del crecimiento esté más excitado alguna noche. Observemos si este es el caso.

- Turnarse ambos padres. Ambos descansarán más y podrán estar más relajados.

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