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Confituras:
Se elaboran cociendo frutas troceadas en
un almíbar de densidad determinada,
hasta que éste las impregne debiendo
quedar los trozos, más o menos enteros.
El porcentaje de azúcar suele variar
entre el 65 y 100% del peso de la fruta.
Cuando se cuecen las frutas, se
apreciará la evaporación del agua que
contienen y se contará el tiempo de
cocción a partir de que ésta se termine.
Para asegurarnos de que queda bien,
podemos retirar la fruta y seguir
concentrando el azúcar.
Mermeladas:
Son más sencillas que las confituras, ya
que no hay que hacer almíbar. Se
elaboran cociendo la fruta troceada con
el azúcar, hasta obtener un puré
gelatinoso, por lo que son la mejor
manera de aprovechar la porción sana de
los productos que están algo
deteriorados. Lo único que debemos
comprobar es su consistencia final, para
asegurarnos de que haya alcanzado la
concentración adecuada. El porcentaje de
azúcar varía entre el 45 y el 100% del
peso de la fruta.
Consistencia de confituras y
mermeladas:
Si se cuenta con un termómetro de
almíbar que resiste altas temperaturas,
la preparación estará lista cuando éste
marque 105º C.
Otra manera de comprobarla es introducir
un plato en el congelador. Cuando se
acerque el tiempo indicado en la receta,
retiraremos la preparación del fuego, y
dejaremos caer algunas gotas sobre el
plato. Si éstas se coagulan, estará
lista. También lo estará si, al
empujarla con el dedo primero se arruga
y después el surco que hacemos no se
cierra.
Finalmente, también se puede comprobar,
dejando caer unas gotas del preparado.
Si lo hacen de forma pastosa y en
grumos, estará lista. Sucederá lo mismo
si vertemos unas gotas en un vaso de
agua helada y éstas no se diluyen.
Jaleas:
Se elaboran a partir del zumo de fruta
sin rastro de pulpa, hervido con azúcar
y, si ésta es poco jugosa, con algo de
agua.
Para obtener una buena jalea, además de
acertar con la proporción de azúcar
adecuada, es necesario que la fruta
empleada sea lo suficientemente ácida y
rica en pectina para que se forma la
gelatina.
Si no fuera así, podemos arreglarlo
mezclando el jugo con el de otras
frutas, ricas en ambas sustancias, como
la manzana que, además, no altera mucho
el sabor original. No es imprescindible
esterilizarlas, pero siempre resulta una
garantía para una buena conservación.
Chutneys y Relishes:
La palabra chutney viene de la raíz
sánscrita chatni y literalmente podría
traducirse como "para chuparse los
dedos". Se trata de recetas originarias
de la India, en las que se suelen
utilizar frutas frescas o secas,
mezcladas con especias, azúcar y
vinagre. También se pueden incluir
verduras y hortalizas o mezclar éstas
con las frutas. Si las verduras
contienen mucha agua, como los pepinos,
se pueden dejar un tiempo con sal.
La diferencia entre un chutney y un
relish está en su textura. El chutney
suele ser un puré más o menos uniforme y
espeso y el relish lleva ingredientes en
trozos.
Para que los chutneys queden en su punto
se escogen frutas y hortalizas muy
maduras, salvo el mango, que se añade
verde. Deben cocerse destapados a fuego
lento durante una hora aproximadamente,
hasta que se evapore el agua y queden
espesos y con el sabor muy concentrado.
Estará en su punto cuando no muestre
zonas con líquido en la superficie.
Los relishes se cuecen mucho menos, pues
los trozos deben quedar algo crujientes.
Las especias pueden añadirse en polvo o
cocerse dentro de una bolsita para poder
retirarlas después fácilmente. Se pueden
envasar en caliente o esperar a que
estén tibios. Antes de consumirlos es
conveniente dejar pasar de uno a dos
meses para que el sabor se estabilice y
el vinagre pierda su fuerza. Pueden
conservarse durante un año.
Frutas en almíbar:
Para esta preparación suelen escogerse
frutas de la mejor calidad, enteras y
sanas. Se lavan concienzudamente y se
colocan en los envases, bien
compactadas. Se rocían con el almíbar
hirviendo hasta que las cubra y se
esterilizan, realizando un
precalentamiento previo de unos diez
minutos con los envases destapados.
Frutas confitadas o escarchadas:
A grandes rasgos, el confitado es una
sucesión de hervores de la fruta en
almíbar, hasta conseguir que éste
penetre en su interior. El problema
radica en que la densidad del almíbar
debe ser un poco mayor cada vez y que,
entre uno y otro baño, debe haber un
período de reposo y espera que varía
entre las 12 y las 48 horas. El éxito
también depende de la calidad de la
fruta, su madurez y su contenido en
agua. La de años lluviosos no se confita
bien.
Arropes:
El arrope se elabora con el jugo fresco
de uvas, reducido después de la cocción
hasta obtener un almíbar con el propio
azúcar de la fruta. También puede llevar
algo de miel o trozos de frutas (melón,
sandía, membrillo, higos o calabaza) que
se cuecen para que queden dulces, pero
dejándolos enteros.
Licores y bebidas de frutas y frutas
en aguardiente:
La base de alcohol suele ser
aguardiente, anís o coñac, y se utiliza
siempre con azúcar disuelto en frío y
preparado con almíbar. Un alcohol de
poca graduación necesita poco azúcar,
mientras que si se aumentan los grados
se precisa más azúcar para evitar que la
fruta quede acartonada. Para mezclarlos
se vierte el alcohol sobre el almíbar y
no al revés.
Las frutas pequeñas no se trocean. Las
de tamaño medio y piel blanda se cortan
sin pelar y se agujerean con un pincho
desinfectado con alcohol. La fruta
grande y de piel dura se pela y se
trocea. Todas se lavarán y deberán estar
secas antes de ser envasadas. Deben
almacenarse en un lugar oscuro durante
un mes como mínimo. |