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El
arte de una carta impresionante
Desaparecido
paulatinamente, el arte de cartas impresionantes traía consigo popularidad y ese
grado de influencia sobre el receptor que predisponía a la mejor de las
recepciones. Sea por asuntos familiares, intereses comerciales o relaciones
afectivas, quien sabe escribir habrá ganado el corazón de quien le lee.
La carta comienza antes de escribir las primeras letras. Principia en nuestra
mente y corazón, proyectando a quien la recibirá e imaginando sus sentimientos y
predisposición antes de leernos. Una carta forma en el receptor una imagen de
nosotros, con nuestra forma de ser, estilo, educación, sentimiento, actitudes e
intereses.
Un amigo, pariente o quien amamos, quizás aquella persona que tuvo la amabilidad
de escribirnos – o a quien le escribimos - sin conocernos previamente, leerán
esta “fotografía” nuestra y guardarán las sensaciones e impresiones que evocamos
con lo que decimos. Del mismo modo, si es una carta de negocios, quien la recibe
finalizará su lectura con una idea clara de nosotros. Y decidirá en consecuencia
sobre nuestra propuesta, sea darnos un trabajo o aceptar una oferta comercial.
Construir esa imagen no está liberado al simple capricho de quien escribe, por
muy informal que sea la escritura. Hay reglas sencillas y de sentido común que
al seguirlas crearán el mejor de los efectos.
Salvo que sea con fines comerciales o laborales, siempre es preferible una carta
manuscrita, con ese dejo de intimidad y preocupación personal que el
destinatario puede guardar entre sus recuerdos. Si por razones de tiempo o
practicidad la conveniencia es el correo electrónico o su confección a través
del ordenador, las reglas que siguen se mantienen sin variaciones.
El sobre – si corresponde y se escribe en papel – debe ser tan pulcro como esté
en los medios de quien escribe. En su anverso señalaremos toda la información
del destinatario, facilitando al máximo su ubicación. Al reverso nuestros datos
personales en caso de que el servicio de correos requiera contactarnos por
problemas en la entrega.
La carta principia con la fecha y lugar desde donde escribimos, arriba a la
derecha o al final, bajo nuestro nombre. La ubicación de la fecha es una
cuestión de formalidad. Generalmente se reserva el fechado bajo el nombre para
los casos en que nos podemos permitir esa familiaridad de estilo con el
destinatario. Para cartas comerciales o laborales, la fecha siempre irá al
comienzo de la escritura.
El saludo dependerá completamente del grado de conocimiento y personalización de
nuestra carta. Los saludos comerciales pueden deberse a nuestra respuesta a un
aviso o propuesta, quizás a una petición de audiencia, acompañar un currículum o
si enviamos un texto a una red de contactos o base de datos. En tal caso, se
mencionará el nombre del destinatario si disponemos de éste o bien el texto se
dirigirá a la institución o empresa a la que enviaremos nuestra carta. Bajo
ningún concepto se enviará una carta con espacio en blanco o líneas punteadas
donde el destinatario debería “rellenar” con su nombre. Cuando no conocemos el
nombre del destinatario comenzaremos con un cordial “De mi mayor consideración”.
Con mayor conocimiento, encabezaremos con un grado mayor de cordialidad.
Cuidaremos tanto de no evocar por el apellido (“Estimado Pérez”) como de no
utilizar abreviaturas (“Estimado Ing. Pérez”). Con “Estimado Jorge” estará bien
tanto para una escritura informal como semi-formal. Si el grado es de mayor
formalidad, “Estimado señor” sirve para cualquier efecto.
A mayor grado de informalidad, nos permitiremos tratar de “tú” al otro y las
expresiones de afecto e intimidad que nazcan, cuidando bien que si se trata de
un asunto formal la paridad se dará por el mismo tono: tema formal, lenguaje
formal; tema semi-formal, lenguaje semi-formal o bien tema informal, lenguaje
informal, etc.
La forma de despedirnos debe ser tal y cómo deseamos ser recordados. Para eso,
el mejor efecto se consigue con una frase precisa, sin rimbombancias, cálida.
Los asuntos ya fueron tratados en nuestro texto, por lo que la despedida debe
reservarse a un segundo acercamiento a la persona.
Las cartas no formales suelen incluir alguna referencia cariñosa o expresiones
de estima personal. Las cartas formales, en cambio, no deben incluir en la
última frase una reiteración del tema tratado ni reiterar súplicas o nuestro
interés en el tema. Una frase justa, afectuosa y sencilla cumplirá un mejor
efecto si fuimos claros en lo que antes expresamos.
Toda carta de papel debe sellarse con una firma. Omitirla equivale a que el
receptor sienta que fue enviada en serie, o acaso encargamos a otro que la
enviase por nosotros. Da una pésima impresión. Debemos tener el cuidado de
firmar - en el caso formal es obligatorio – o cuando mínimo escribir nuestro
nombre a mano.
La efectividad de una carta responde a su redacción cuidadosa, sea cual sea el
estilo de formalidad que nos impone.
No siendo necesario recordar que el cuidado de la ortografía y sintaxis
(incluyendo no utilizar expresiones y abreviaciones de mensajería electrónica)
son una prioridad, evitándonos dar la peor de las imágenes posibles, nos
concentraremos sólo en lograr el mejor resultado de nuestra carta.
Nuestra redacción deberá considerar 4 elementos clave de retórica aplicada:
claridad, enfoque, profundidad y consistencia.
La claridad no dejará lugar a dudas en quien lee qué pretendemos, lo que no
significa evadir los cuidados, respetos y consideraciones que tengan lugar. Pero
tampoco pueden dejar lugar a dudas o malinterpretaciones. Una carta, por breve o
extensa que sea, debe permitir que tras su lectura se sepa exactamente qué nos
motivó a comunicarnos.
El enfoque será lo que dirigirá la atención de quien lee. No basta con ser
claros: debemos llegar a algún lugar y asegurarnos de que ése lugar sea el que
deseamos.
La profundidad captará la atención del lector y convencerá de que nuestras
intenciones al escribir están bien fundadas. Sea porque pedimos algo: agradecer,
tener noticias o transmitir un sentimiento, por muy claros que seamos, por muy
nítida que sea la meta, si el respaldo es liviano, frívolo o infantil,
perderemos credibilidad y se frustrará nuestro intento.
Finalmente, debemos ser contundentes: ése es el gatillo que motivará al receptor
a actuar. No basta con ser claros, conducir al lector o que lo que digamos tenga
cierto sustento: tenemos que ser sólidos, sin vaguedades, motivadores.
Siguiendo estas recomendaciones podremos estar seguros de escribir cartas con
arte, que tengan resultados y que lo que deseamos se consiga con mayor
seguridad. Recordando que estas son reglas, podremos imprimir a cada carta
nuestro estilo personal, que es el toque de belleza que tiene el arte de
escribir.
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