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Voz de los sin voz, presentamos la tradición a la modernidad

Saber escuchar

Uno de los mejores regalos que podemos dar a otro ser humano es nuestra presencia incondicional. Para hacerlo bien, debemos poder ser receptivos, sin prejuicios o expectativas, poniendo a un lado nuestras propias necesidades o preocupaciones y quedando verdaderamente disponibles en forma amorosa y cálida. Vivimos hoy en una cultura que nos enseña y premia exactamente lo contrario: ser reactivos, defensivos, egoístas y autoreferentes. Como resultado, mucha gente escucha con pasividad y poco interés. También nos ha enseñado esta cultura a vivir distraídos, distantes de la conexión íntima con los demás.

Si bien hoy como nunca podemos comunicarnos rápida y eficazmente con personas de todo el mundo, esto no sustituye la presencia humana incondicional que mencionábamos. Entonces ¿podremos aprender a estar totalmente presentes con y para los demás?

Podemos hacerlo aprendiendo a escuchar de verdad, con atención, concentración y apertura a lo que el otro quiere decir. Cuando lo hacemos, estamos totalmente disponibles y presentes para el otro. No tenemos nociones preconcebidas sobre lo que le está ocurriendo a la otra persona. Nos acercamos con frescura, abriéndonos a lo que quieran trasmitirnos. No estamos ocupados en la forma en que refutaremos lo que nos dicen, o buscando el paralelo con nuestras propias experiencias, esperando el momento de interrumpir para decir lo nuestro. No tenemos necesidad de defendernos o mostrar que somos brillantes, profundos o ingeniosos. Tenemos, por el contrario, el deseo ardiente de entregar a la otra persona todo de nosotros, sin pedir nada a cambio. Esto permitirá a los demás abrirse, confiar, y mejorará enormemente la relación. Nos permitirá conocer mejor aún a quienes creemos conocer al dedillo, y la respuesta del resto también será más abierta y receptiva a nuestras propias cosas. Muchas veces las relaciones desgastadas se rompen en pro de una nueva, en la cual lo que mejor funciona es la forma en que las dos personas se escuchan e interesan en el otro.

El punto básico está en intentar comprender antes de buscar ser comprendidos. Entreguemos a los demás el hermoso regalo de nuestra presencia incondicional. Haciéndolo, crearemos la oportunidad de alcanzar una mayor profundidad en la intimidad y conexión en cualquier relación en que lo apliquemos.

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