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Secretos de la mirada
Para
aprender a comunicarnos efectivamente, hemos de utilizar todas las herramientas
disponibles que permitan a los demás reconocer en nosotros a una persona
abierta, amable e interesante. Estos medios son señales que damos en una
comunicación silenciosa, y que permiten que quienes nos ven experimenten el
deseo de aproximarse, abrirse o mantener una relación más profunda con nosotros.
Entre estas herramientas, una de gran importancia es la mirada. Normalmente
nosotros emitimos señales inconscientemente, basados en un método que fuimos
adquiriendo con años de experiencias y nuestra forma de ser. Pero estas señales
no siempre son positivas, y en general pueden mejorarse para lograr transmitir
lo mejor, y ayudar así a que las relaciones con los demás sean cada vez más
fáciles y mejores.
Cuando vemos a una persona con mirada vivaz, alegre y segura de sí, nuestra
atención es atraída de forma inmediata. Sentimos curiosidad y queremos saber más
de esa persona. Esto le ocurre a todo el mundo, y hay medios de que seamos
nosotros quienes transmitamos esa confianza a los otros.
Al experimentar una emoción intensa - como alegría, ira o atracción - nuestras
pupilas se dilatan, enviando fuertes mensajes subliminales a los demás. Además,
en esos momentos las glándulas lagrimales aumentan su producción, dando a los
ojos un brillo especial. Los ojos de una persona triste, enferma o apática no
poseen ese brillo. La posición de las cejas y la tensión muscular de los
párpados y la zona que rodea a los ojos, también influyen en la mirada.
Practicar la mejor forma de transmitir alegría y serenidad a través de la mirada
(sea rememorando momentos felices que la provoquen, o intentando sentir la paz y
alegría que deseamos transmitir), ayudará a formar un semblante amable, cálido y
distendido que atraerá la atención de la gente.
Para alcanzar su máximo poder, esta mirada carismática necesita dirigirse
adecuadamente y
durante el espacio de tiempo apropiado. Dentro de la cultura occidental, y con
pequeñas variaciones según el país, podemos dar algunas pautas sobre este
aspecto.
- Las miradas neutras, que duran un segundo, las reservamos para las personas y
cosas que no nos interesan mucho. Nuestra mirada las recorre y se aleja de ellas
sin interés, o se centra en ellas por un instante y después se aparta
repentinamente. Estas miradas casi rebajan a los demás como si no fueran nada.
En algunas ocasiones, incluso pueden indicar rechazo. En general, las miradas
que duran un segundo difícilmente atraerán la atención de los demás. Sin
embargo, una mirada afable de un segundo puede llegar a transmitir un mensaje de
buena voluntad que los demás pueden notar y apreciar.
- La mirada neutra que dura dos segundos suele considerarse como una muestra de
educación en la mayoría de las situaciones. Esta mirada denota que encontramos a
quien observamos, digno de ser atendido.
- Una mirada normal de tres segundos transmite un claro interés. Aunque a veces
se confunde con una mirada fija, de hecho es una forma de hacer un cumplido no
verbal a los demás y les invita a acercarse más, sonreír o hablar. Sin embargo,
esta mirada desprovista de sentimientos no garantiza que se produzcan este tipo
de reacciones y, sin garantías, muchas personas no se atreven a correr ese
riesgo. Una mirada carismática de tres segundos proporciona esas garantías y
transmite la energía necesaria para que ocurran cosas. La gente reacciona a la
intensa química, consciente de que ocurre algo interesante. Algunos sienten el
impulso de iniciar una conversación, mientras que otros envían señales que
indican la recepción del mensaje y esperan a que la otra persona haga el
siguiente paso.
- Las miradas de cuatro segundos o más se consideran de mala educación. La
intensidad de un contacto visual tan prolongado suele ser insoportable. La
mayoría de la gente desvía la mirada de forma instantánea, aunque también es
posible que alguien reaccione devolviendo la mirada con ira. Se considera
aceptable mirar fijamente objetos, pero no a las personas. Una mirada
carismática de cuatro segundos también puede resultar incómoda para muchas
personas.
Por otra parte, durante una conversación, mantener el contacto visual ayuda a
causar una impresión positiva. La duración de la mirada dice mucho de uno a los
demás. En función del contexto de la situación, y del lenguaje corporal que lo
acompañe, mantener el contacto visual transmite atención hacia lo que se dice,
agrado, relajación, seguridad, sinceridad y honestidad.
Por el contrario, evitar el contacto visual o reducirlo a la mínima duración
posible, indica aburrimiento o desinterés, desagrado, nerviosismo, inseguridad,
culpabilidad y/o engaño.
Las personas que desean crear una atmósfera óptima para la comunicación, miran a
su interlocutor con la frecuencia y duración que resulten cómodos para ambos, y
sólo desvían la
mirada ocasionalmente para imaginar, recordar o suavizar la intensidad de una
mirada fija.
Cuando hacen cumplidos o están enfrascados en una conversación positiva, estas
personas aumentan el contacto visual al máximo, sabiendo que con ello acentuarán
esa positividad que
transmiten a su interlocutor.
Por el contrario, cuando la conversación es negativa, como por ejemplo si una
persona critica a otra, reducen el contacto visual para no acentuar ese aspecto
negativo.
Aunque nos sintamos en ocasiones un poco tímidos o inseguros, el mantener
voluntariamente el contacto visual mejorará la calidad de esa comunicación, y
por lo tanto de la relación.
Si siempre ponemos en práctica el contacto visual propio de una persona tímida,
sólo conseguiremos perpetuar la imagen de timidez. Si deseamos cambiar, hay que
practicar los hábitos de contacto visual propios de las personas seguras de sí
mismas.
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