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El orden en la narración

Ya sostuvimos que el arte no se relaciona con una suerte de “laissez faire” caprichoso donde lo único válido es publicar una sensación interna. Existe un acomodo a cierto orden que concede las proporciones y formas de belleza al acto creativo.

Ahora nos ocuparemos del orden narrativo. Veremos, entonces, la estructura perfecta de un relato, sea cual sea su naturaleza. En otras palabras, estudiaremos los medios para lograr que nuestro relato cumpla su función, más allá de las cualidades del narrador.

Esta ordenación interna dispondrá, decíamos, de las partes de la narración. Y las dispone en secuencia lineal. Es la forma en que el lector mentalmente ordenará la información. Como en un camino jerarquizado, principia la recolección de ideas al abrir las puertas y culmina con la última palabra del último párrafo. Esta obviedad, como muchas otras, se oculta en el proceso creativo hasta volverse invisible, si se tiene arte. Pero no menos veces por invisible se olvida.

Todo orden posee un principio. Cuando el lector se interesa por leernos, posee una expectativa. Se “imagina” lo que diremos, se hace ilusiones, tiene temores, etc. En consecuencia, es recomendable acercarnos psicológicamente a él en las primeras líneas. Pero, aún antes de este paso, necesitamos formar la idea con el título. Aquí el genio de quien escribe ajustará las condiciones formales para expresar la idea general de lo que leerá y templará el ánimo de quien lee.

Una vez interesado en lo que diremos, le guiaremos hacia lo que deseamos narrar. Conviene crear una imagen nítida, fuerte y atrapante que despeje las dudas y confirme sus intuiciones positivas. Recordemos que al decidir tomarse el tiempo de prestarnos atención, el lector se formó una previa idea, un prejuicio. Ahora que le convencimos para leer, él se guiará en la búsqueda de información que le refuerce, argumentos convincentes, ideas claras, giros que le seduzcan en alguna forma. De nuestra mano ampliará sus ideas, formará opinión y decidirá al término de leernos, si logramos interesarle como para llegar al final.

Finalmente, responderemos a una pregunta que se formuló al posar los ojos en la primera línea: ¿Qué sacaré en limpio? Para ayudarle, ya antes de comenzar a escribir prepararemos un final perfecto, que cierre las ideas y que por su peso y condición de por concluido – implícita o explícitamente - el motivo central de la narración.

Con esta herramienta narrativa elemental dispondremos de una poderosa maquinaria de trabajo, que por simple y elemental, es capaz de potenciar con claridad todo cuanto deseemos transmitir. En manos del narrador queda la extensión y complejidad de lo tratado, considerando el diálogo con el lector y sus ideas, que enunciamos en artículos anteriores.

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El presente trabajo fue cedido por Editorial Surgite! y su publicación Crónicas de Surgite!, que ofrece gratuita y periódicamente material de trabajo literario, ofertas, libros y recomendaciones a sus suscriptores.

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