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Particularidades de la voz al comunicarnos
En
el arte de la comunicación hay diversos aspectos a considerar que pueden lograr
el objetivo de hacer llegar nuestro mensaje de manera totalmente eficaz, o
terminar dificultando la recepción del mismo. Entre esos factores se encuentra
el lenguaje no verbal, es decir, lo que transmitimos con posturas, estados de
ánimo y todo aquello que conforma nuestra actitud al comunicarnos.
Y uno de los factores de esa comunicación, que tiene una implicancia directa
sobre el efecto que provocará lo que decimos, es la forma en que utilizamos la
voz al hablar a otros, ya que la voz tiene distintas formas de causar efecto
sobre los demás. La voz es parte de ambas comunicaciones (verbal y no verbal) y
tiende a ser desatendida, produciendo un mal resultado. Démosle atención para
mejorar la calidad de nuestro mensaje.
Cuando hablamos rápido, podemos excitar el animo de nuestro interlocutor, y en
ocasiones esto puede ayudar a captar mejor su atención. Pero si hablamos
demasiado rápido, o la situación no lo amerita, se corre el riesgo de que el
otro no entienda, o se sienta incomodo.
Al gritar, excitamos mucho mas el estado anímico. Por regla general no debe
gritarse, a no ser que un acto publico lo requiera así por su particularidad,
como puede suceder en el caso de algún debate o mitin político. Aun así, hay que
considerar dos veces la utilización de esta "estrategia".
Si se habla lento y con calma, por otra parte, se produce un efecto
tranquilizante en los interlocutores. Esto puede hacer que entiendan mejor, pero
un ritmo demasiado pausado puede resultar molesto o pesado.
La mejor forma de sintonizar mejor con los receptores del mensaje, es regulando
y modulando la voz de acuerdo con el estado de animo de los demás. Por ejemplo,
en una situación alegre, como una celebración, el tono de voz ha de ser acorde
con ese estado de animo del publico. Puede ser más vibrante, alegre y vivaz. Por
el contrario, si la ocasión requiere seriedad o firmeza, la voz debe transmitir
y reforzar estas cualidades. Un tono alegre o mucha locuacidad pueden ser
contraproducentes en estos casos.
En comunicaciones unidireccionales, como presentaciones o discursos, el oyente
valorará que se hable un poco mas rápido, sin exagerar. Las pausas y silencios
breves en lugares convenientes de la intervención (por ejemplo, antes de decir
una idea nueva o distinta), destacan los argumentos y generan atención.
Respecto a una cita romántica, el tono tenderá a bajar y suavizarse,
contribuyendo a una atmósfera de mayor calidez e intimidad.
El volumen de la voz se acomodará a las circunstancias: dependiendo de la
distancia que nos separa de los oyentes, en caso de discursos de si hay o no
megafonía, del tamaño de la sala, de la cantidad de interlocutores, de los
posibles ruidos del ambiente o el tema de la conversación (motivar, vender,
reprender, enseñar, etc.).
Un vicio común del lenguaje es dejar caer el tono de voz hacia el final de las
frases. Esto provoca que no se escuche bien el mensaje, y el o los
interlocutores pueden sentirse incómodos. El resultado es una mala comunicación.
Para evitar este problema, debe controlarse la vocalización.
Acostúmbrese a pronunciar de forma clara todas las letras (vocales y
consonantes) y no unir las palabras entre sí al hablar. Es muy difícil hacerlo
bien en una ocasion particular cuando nos lleva la fuerza de la costumbre. Por
esto, la práctica constante puede ayudar a mejorar este aspecto tan importante
que alcanzará el anhelado objetivo de comunicarnos con exito.
Para terminar, un ejercicio de vocalización muy útil a la hora de buscar una
mejoría, es leer un texto en voz alta, grabándolo, y escucharse a continuación
para acostumbrarse a su propia modulación de voz y para corregir los posibles
defectos de dicción. Pruébelo y verá en poco tiempo, con algo de perseverancia -
excelentes resultados.
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