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La
relajación durante el parto
Escriben
las lectoras, y sus esposos, consultando sobre un instante angustioso y
estresante como pocos: el parto. El reconocimiento de que el momento que sigue a
estos dolores trae una alegría incomparable, en que nada de lo sufrido se vuelve
mucho frente a gozar de la compañía del bebé, no alcanza para remediar los
temores.
Concientes de que la relajación durante el parto es crucial para el control que
ella realiza de todas las partes del alumbramiento y de la posterior
recuperación, señalaremos algunas recomendaciones en beneficio de la madre y del
bebé.
¿Por qué apuntaremos a la relajación? Porque además de cooperar con las
operaciones médicas, una madre relajada reduce su tensión muscular, previniendo
una posterior fatiga. Y, por tantas experiencias, es conocido que si bien los
médicos y matronas indicarán a la parturienta todo cuanto debe hacer, y en ella
persisten los recuerdos de las clases de preparación de parto, siempre es bueno
contar con una guía impresa que coopere a esos minutos diarios de pre-entrenamiento.
Condiciones elementales
Antes que ensayar trucos para controlar el dolor, es preciso adoptar posturas
que favorecen el parto mismo. De esta manera evitaremos las incomodidades apenas
se declare el alumbramiento.
Como primera medida, los padres deben recordar que la misma naturaleza es la
mejor cooperadora para la venida de los bebés. Y la gravedad viene en nuestra
ayuda. De tal manera que una postura correcta hará todo más fácil.
Por lo mismo, la madre no deberá – ni muchas veces gusta – permanecer boca
arriba. De reposar en una cama, que se recueste sobre su lado izquierdo para
descansar al máximo.
Iniciado el proceso de parto, es conveniente cambiar de postura cada unos 30
minutos a fin de no agotar el cuerpo aplastando el mismo lado por mucho tiempo.
Si el parto no fuese asistido por un equipo médico, o si la técnica obstétrica
lo permite, la mejor postura para el alumbramiento es de pie. Con buenos apoyos
para la madre, esta posición le brinda comodidad y libertad de movimientos.
De poderse, resulta altamente conveniente combinar con agacharse, para favorecer
la circulación y la colocación del bebé. De igual modo, coopera sentarse con las
piernas cruzadas.
El auxilio de la respiración
Se ha dicho mucho sobre la respiración y sus beneficios para el parto. Sin
exagerar las notas hasta convertirla en la panacea que elimina el dolor sobre la
tierra, una correcta respiración alivia en gran medida los dolores del
alumbramiento.
Por tanto, antes de aprender técnicas de respiración será preciso que la madre
conozca su propio ritmo respiratorio. Que sepa reconocer su velocidad e
intensidad natural para respirar. De esta manera controlará mejor las
aceleraciones o retardos que se le pedirán a lo largo del parto. Así, junto con
disminuir la sensación del dolor, aportará saludables cantidades de oxígeno al
bebé que va a nacer.
Las técnicas recomendadas
La primera técnica consiste en utilizar el abdomen para respirar. Recurriremos a
ella cuando el cuello uterino ingrese a la fase de dilatación. De esta manera
ejerceremos un mayor control sobre el dolor de las primeras contracciones. La
repetiremos con cada contracción y ayudaremos al bebé, ya que durante estos
espasmos el nivel de oxígeno en la sangre disminuye considerablemente. Entre
contracciones recuperaremos el ritmo normal de respiración.
Para ello tomaremos aire por la nariz hasta llenar los pulmones al máximo
posible, Imaginariamente enviaremos el aire, primero hacia el abdomen y luego
subiremos hasta llenar de aire la parte superior de los pulmones, cerca de
nuestros hombros. A continuación expulsaremos lentamente el aire, mientras
contraemos despacio los músculos del abdomen, “exprimiendo” los pulmones.
El segundo modelo de respiración lo utilizaremos cuando ya ha comenzado la fase
de expulsión. Como el objetivo es facilitar el proceso, realizaremos varias
respiraciones profundas pero cortas, aguantando la respiración al tiempo que se
contraen los músculos abdominales. Luego expulsaremos lentamente el aire
mientras relajamos los músculos.
Un consejo que hay que recordar es bajar la barbilla hacia el pecho para no
hacer fuerza con el cuello, sino sólo forzar los músculos del abdomen.
Finalmente, como recomendación práctica para la madre, quien deberá obedecer las
indicaciones de la matrona a pesar de sus naturales instintos de expulsión,
echar mano a los jadeos le ayudará a controlar su instinto. Para ello tomaremos
aire y lo soltaremos rápida y continuamente, jadeando. Así el dolor pasará y la
cooperación con los médicos será óptima.
El apoyo psicológico paterno es igualmente muy importante, de manera tal que
participe o no del alumbramiento, el padre debe cooperar tanto cuanto pueda a
preparar el feliz nacimiento del nuevo miembro de la familia.
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