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El desarrollo del diálogo (Primera parte)

Por: Cynthia Caden
     
Escritora y Editora

Pocas historias carecen de diálogos, y no existe una buena historia si sus diálogos no son igualmente buenos.

En ocasiones el diálogo puede rescatar una historia mediocre, pero el diálogo mediocre arruinará incluso a la mejor de las historias.

¿Para qué sirve el diálogo?

- Para avanzar en la acción
- Para construir personajes
- Para describir situaciones
- Para entregar información

Estos son algunos puntos a recordar para crear y mejorar sus diálogos:

1. Practique escribiendo diálogos. Lea en voz alta para evaluarlos. Pregunte a sus amigos cualificados literariamente (no a aquellos que jamás leen) que califiquen su diálogo. Aún cuando no esté escribiendo, practique creando diálogos en ocasiones - mientras camina, conduce, viaja de un lugar a otro, tiene insomnio o espera una cita, por ejemplo. Esta práctica puede parecer extraña en un comienzo, pero la mayor parte de los buenos escritores la utilizan, y la calidad indudablemente mejora.

2. No se preocupe si sus personajes hablan de forma parecida. La gente en general habla de forma parecida, e incluso en ocasiones, hacerlos hablar muy diferente puede incluso parecer artificial, a menos que usted "haga conversar" a personas de países diferentes, o de edades muy dispares, o niveles muy distintos de cultura, por ejemplo.

Concéntrese, a cambio, en hacerlos "sonar" realistas, según su estado y condición. En lugar de intentar hacerlos hablar diferente, busque que parezcan verdaderas personas con algo que decir.

3. Desarrolle su oído. Escuche cuidadosamente a las personas que lo rodean. No tanto a los personajes televisivos, de películas o de la radio, porque sus diálogos son en general artificiales, irreales o poco convincentes al escribirlos. Casi nadie habla en realidad como lo hacen en las series, los locutores de radio o las publicidades. Escuche la forma en que se arman las conversaciones, los temas, las palabras que utilizan. Esto no siempre le servirá a su relato, que puede incluso estar ambientado en otra época o cultura, pero le ayudará a la construcción de estructuras de comunicación creíbles y fluidas.

4. Estudie la forma en que la gente habla en las historias cortas y las novelas, y busque buenos modelos para emular. Hay autores con distintos niveles de experticia respecto al diálogo. Jane Austen, Graham Greene, Alejando Dumas, por ejemplo, escriben excelentes y hermosos diálogos, pero están muy por encima de los escritores promedio. Léalos a ellos, y también a otros menos dotados, para no desalentarse en un comienzo, pero apuntando hacia lo alto. Cuanto más lea, más se imbuirá en el espíritu, y aprenderá a desarrollar el mismo don. No lea sin parar. Deténgase y saboree frases, expresiones, conceptos y tiempos. Esto le ayudará en su propia técnica más adelante. Compare algunas novelas para decidir por sí mismo/a. Investigue el diálogo de distintas obras y escoja cuáles le interesa más emular en un comienzo, hasta adquirir un estilo propio.

5. Use escasamente dialectos, idiomas o jergas, y sólo si es imprescindible. Y evite el uso indiscriminado de adverbios, que en general debilitan el diálogo. Los buenos escritores los utilizan poco, o nada en ocasiones.

6. A medida que avance en la soltura de su pluma, experimente con construcciones que vayan algo más allá de lo que el personaje tiene que decir. Por ejemplo: "él dijo, con un nudo en la garganta", o "lo dijeron con ansiedad evidente", o "ella declaró, segura de estar en lo cierto" o "lo dijo, mientras sus manos temblaban ligeramente".

7. Mantenga los diálogos razonablemente cortos. En general, de unas dos oraciones de extensión. Es una convención moderna que los autores más antiguos no seguían. Pero en el presente, los diálogos largos suelen parecernos falsos y artificiales, a menos que la pluma ya esté muy bien entrenada, y la ocasión en verdad lo amerite.

8. No utilice demasiado diálogo, o sus lectores se sentirán incómodos. Y no sobrecargue sus diálogos con sentimientos, pasión u otros elementos que usualmente deberían ser expresados en la prosa.

¿Cómo sabrá cuando su diálogo está mejorando? Se volverá tan convincente y poderoso que le costará notarlo. Será como escuchar a verdaderas personas, donde usted nota el contenido de lo que dicen y no cómo lo dicen. El lector se concentrará en su historia, no en la gente hablando y la forma en que lo hace.

Comience ahora, en papel, en su imaginación, en la lectura, y pronto podrá desarrollar conversaciones realistas, que embellecerán y complementarán sus relatos, sean cortos o largos. El buen diálogo es, posiblemente, uno de los elementos de ficción más fáciles de perfeccionar, tal vez porque nosotros mismos hablamos siempre, escuchamos, e intentamos comunicarnos bien.

En la siguiente parte agregaremos ejercicios prácticos para desarrollar buenos diálogos, elementos clave para mejorarlos, temáticas que funcionan mejor con esta herramienta literaria, estilos clásicos y modernos y sus ejemplos.

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