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Las
metáforas
Las
metáforas resultan habitualmente muy útiles para entender el funcionamiento de
algo que no conocemos, o describir una cosa muy clara y bellamente en pocas
palabras.
Cuando aprendemos a usar las figuras retóricas, tales como las metáforas - que
consiste en usar una palabra o frase en lugar de otra, estableciendo entre ellas
una similitud no expresada - definitivamente enriquecemos una explicación,
relato, poesía o discurso. La luna que expresa palidez, las manzanas a las
mejillas, el león a la fuerza, etc. son metáforas comunes que todos hemos
escuchado alguna vez.
No tenemos que buscar mucho para encontrar ejemplos de metáforas en la vida
cotidiana. Desde expresiones como "llueve a cántaros", hasta "hervir de rabia",
nuestro discurso diario está lleno de ellas.
Entonces, ¿por qué igualmente hay dificultades para desarrollar bien ciertas
metáforas? Cuando se usan correctamente, son herramientas efectivas de
descripción. Son una forma de variar el lenguaje y avivar la comunicación.
Pueden dar una imagen vívida de lo que se quiere decir de forma más rápida que
la definición, usando pocas palabras. Pero, como casi todas las herramientas
literarias, son desastrosas cuando se usan incorrectamente, confundiendo al
lector o llevando la atención a la falta de habilidad del escritor.
Los libros, están repletos de metáforas que crean una imagen mental rápida y
atractiva, y además ayudan en ocasiones a construir el entorno de la obra. Es la
imagen personal que tiene el escritor de la realidad, pues expresa una idea con
el nombre de otra.
La base de la metáfora es la comparación. Se trata de un recurso literario que
se forma cuando se toman dos elementos y se establecen semejanzas para crear una
impresión más bella o descriptiva. Para hacer una comparación, siempre hay un
nexo como: cual, tal, igual a, semejante, etc.
Para utilizar las metáforas es necesario aprender a crearlas. Hemos dicho que su
base es la comparación, desde la cual se construye. Veamos un par de ejemplos:
Comparación: cabellos suaves como la seda. / Metáfora: cabellos de seda.
Comparación: Dientes blancos cuales perlas. / Metáforas: dientes de perla.
Al convertir la comparación en una metáfora, desaparece el nexo comparativo. Se
elimina el elemento real, dejando el irreal.
La novena rima de Gustavo Adolfo Bécquer puede ejemplificar hermosamente
lo que hasta aquí hemos explicado:
Besa el
aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;
la llama en derredor del tronco ardiente
por besar a otra llama se desliza;
y hasta el sauce, inclinándose a su peso,
al río que le besa, vuelve un beso.
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