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La
importancia de los Sacramentos
Los
sacramentos, tan abandonados hoy, son la forma en que se define la vida de los
católicos, e imprescindibles para el buen funcionamiento de la familia, que se
basa en los principios de su fe, practicando, conociendo y actuando de acuerdo a
Sus principios.
La palabra 'sacramento' viene del latín sacramentum, que significa
"compromiso" o "juramento". Tertuliano, uno de los primeros Padres de la
Iglesia, del siglo tercero, comparaba el sacramento del Bautismo al compromiso
que el soldado hacía al ingresar al servicio militar. Con ese juramento, el
soldado solía ser marcado con un signo permanente para mostrar a qué general iba
a servir. De forma similar, escribió Tertuliano, un juramento y un signo
consagran al bautizado a la vida de servir a Dios. San Agustín, en el siglo
quinto, desarrolló más esta noción, describiendo los sacramentos como lo
invisible hecho visible. Entre los siglos once y trece, la Iglesia identificó
los siete sacramentos que celebramos hoy - Bautismo, Confirmación, Eucaristía,
Reconciliación, Unción de los Enfermos, Matrimonio y Santas Órdenes - como las
formas principales en que Dios unifica a la Iglesia y nos ofrece la salvación.
El Concilio de Trento en 1545 terminó de definir y afirmar estos siete
sacramentos.
Una cosa importante para recordar sobre los sacramentos es que son obra de Dios,
cumplida a través de la Iglesia. Como dice el Catecismo de la Iglesia, "Los
sacramentos son signos eficaces de gracia, instituidos por Cristo y confiados a
la Iglesia, mediante los cuales se nos dispensa la vida divina". E importa, por
lo tanto, la forma en que nos acercamos a los sacramentos: nuestra prontitud,
actitud y apertura juegan una parte importante. Además, los sacramentos tienen
trabajos específicos que llevar a cabo: Los sacramentos de iniciación (Bautismo,
Confirmación, Eucaristía) traen nuevos miembros a la vida de Cristo y la
iglesia; los sacramentos de salud (Unción de los enfermos, Reconciliación)
atienden al dolor causado por la enfermedad y el pecado; los sacramentos de
servicio (Matrimonio, Santas Ordenes) fortalecen el ministerio de la Iglesia
para la comunidad.
Los católicos somos llamados "personas sacramentales". Los sacramentos no sólo
son piedras fundamentales del desarrollo de nuestra fe, sino que también animan
las prácticas regulares de nuestra fe.
También usamos los 'sacramentales', que son signos sagrados, instituidos por la
Iglesia, que actúan como herramientas para acercarnos a Dios. Bendecirnos con
agua bendita, rezar a los santos, rezar el rosario, colocar cenizas en nuestra
frente, usar escapulario, detentes o medallas de San Benito, entre otras cosas,
son excelentes formas de vivir nuestra fe, que no nos abandona en ninguna
instancia de nuestras vidas.
Aunque estas devociones han decrecido por algún motivo en estos últimos años,
ellas forman la visión que los católicos tienen del mundo, frecuentemente
llamada "imaginación sacramental". "Estos implementos son medios de una
religiosidad más profunda y persuasiva que inclina a los católicos a ver a Dios
actuando en Su creación", escribió el Padre Greeley en "La imaginación
católica".
Como católicos, hemos de inundar nuestra vida, la de la familia y la comunidad -
de ser posible -, de ese sentido de unión y visión sobrenatural que hará de
todos nosotros personas más justas a los ojos de Dios. Por eso es fundamental
que los miembros de la familia hagan uso de estos medios que sabiamente la
Iglesia ha puesto a nuestra disposición, y para ayudarnos a fortalecer nuestra
fe, a vivir una vida con mayor sentido, menos peligros y en definitiva, con
santa felicidad.
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