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Para empezar: la aplicación del aceite

La manera más eficaz de dar masajes es utilizando aceite.

Las manos no pueden presionar y al mismo tiempo moverse suavemente sobre la superficie de la piel sin algún tipo de agente lubricante.

Para ello, el aceite cumple esta función mejor que ninguna otra sustancia.

El aceite mineral y el vegetal son los utilizados con mayor frecuencia. En cuanto a la lubricación que proporcionan, ambos son igualmente satisfactorios. Cada persona tiene sus propias preferencias.

Se suele utilizar con más frecuencia el aceite de almendras para estos efectos. Sin embargo, también se puede hacer uso del aceite de oliva, de girasol, de maní y muchos otros, y todos dan buenos resultados.

El de girasol, que es tan bueno como los demás, tiene la ventaja de ser económico y además, junto con el de oliva, se encuentra en todas las tiendas de comestibles.

Los demás tipos se pueden obtener en tiendas especializadas. Además, todos ellos pueden ser mezclados para conseguir diversas combinaciones. En general ha de preferirse, en todo caso, no combinarlos con aromas a menos que quien recibirá el masaje lo solicite específicamente.

La aplicación

Aplicar el aceite sobre la piel es sencillo, pero es útil conocer algunos trucos. Primero, nunca debe verterse el aceite directamente sobre el cuerpo del que recibe el masaje. A muchos esto les produce una sensación sumamente desagradable. Póngalo en sus propias manos antes de aplicarlo a la persona.

Por la misma razón, procure que, al verterlo, sus manos no se encuentren colocadas sobre el cuerpo del otro, de manera que si se derraman unas gotas, no caigan sobre él. No utilice más de una cucharada de té cada vez; aplíquelo y luego vierta más cuando lo necesite.

Si el aceite está frío, caliéntelo con las manos frotándolas con fuerza.
Aplíquelo sólo en las partes en que va a trabajar en seguida. De lo contrario se encontrará con que la piel ha absorbido parte de él antes de que logre usarlo.

Extiéndalo con las palmas utilizando ambas manos. Realice cualquier movimiento de frotación sencillo que quiera, pero asegúrese de que sea suave y, al mismo tiempo, definido, continuado y parejo. Esto es especialmente importante al aplicarlo en el comienzo del masaje. La persona podrá relajarse mejor si el contacto produce desde el primer momento una impresión de confianza y seguridad.

Cubra sistemáticamente toda el área que va a masajear sin descuidar ninguna zona. Evite que la piel quede empapada en aceite. No debería aparecer acumulaciones visibles sobre ella. Unas dos cucharadas de té bastan para una espalda de dimensiones normales.

Si encuentra que ha depositado demasiado aceite, siempre puede quitarlo usando el dorso de la mano o los antebrazos, o también extendiéndolo hacia otras zonas.

El vello excesivo en el pecho, la espalda y las piernas requiere una mayor cantidad, ya que de no aplicar el aceite podría arrancar involuntariamente algunos vellos al deslizar las manos sobre la superficie de la piel.

Fíjese bien dónde deja el frasco después de verter el aceite. Si está ofreciendo el masaje en el suelo o una cama, trate de situarlo de manera que lo encuentre cuando lo necesite y sea difícil volcarlo.

Si trabaja en una mesa, evite dejarlo sobre ella porque, si lo hace, tarde o temprano lo derramará o se encontrará distorsionando sus movimientos para no hacerlo. Da mejor resultado establecer uno o dos lugares convenientes antes de comenzar, fuera del área de trabajo.

Finalmente, una buena idea puede ser utilizar dos botellas en vez de una y colocarlas en distintos extremos. Esto ahorrará muchas vueltas y puede resultar muy práctico.

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