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El anillo de comprobación
Leyenda alemana
En
un pueblo de Alemania, un caballero llamado Guerau tenia una especial devoción
al apóstol Santo Tomas. Ocurrió que un día se le presento el diablo con forma de
peregrino, pidiéndole, por amor del santo, que le diese albergue en su casa. El
caballero, sin vacilar, lo acogió amablemente, le dio de cenar y le ofreció un
buen vaso de leche antes de dormir. No conforme con esto, y como el peregrino
temblaba de frío, el caballero le puso un rico manto de escarlata encima de la
ropa. A medianoche, el peregrino desapareció, llevándose el manto. Al
descubrirse el hurto, la mujer increpo al marido por haber hospedado a un
desconocido que era un ladrón. El marido respondió que había hecho la caridad
por amor del apóstol Santo Tomás y que tenia tal confianza en la virtud del
santo, que estaba seguro de que, por haberlo hecho en su nombre, le devolvería
el manto robado.
Pasado algún tiempo, el caballero quiso ir en peregrinación al sepulcro del
apóstol Santo Tomás, y de despidió de su mujer, diciéndole que tardaría tiempo y
atravesaría peligros, pero que no tomase ella nuevo marido hasta pasados cinco
años. El caballero cogió su anillo y lo partió en dos mitades, dejando una de
ellas a su esposa, con el fin de que le reconociese a su vuelta. Llegó al fin el
caballero ante el sepulcro de Santo Tomas y devotamente imploro su favor para el
y para su mujer. Ante él se presento repentinamente el diablo con el manto
escarlata robado. Descubrió el diablo al extrañado caballero como fue él, y no
un peregrino, quien había robado el manto para probar su paciencia y su fe y le
recordó que precisamente aquel día se cumplían los cinco años que había dado de
plazo a su mujer y que esta se disponía a contraer nuevo matrimonio.
El diablo, obligado entonces por el Santo Patrono, se ofreció a llevarlo antes
de que se celebrase el matrimonio y, aceptando el caballero el ofrecimiento, fue
cargado en las demoníacas espaldas y en unos momentos se encontró ante la puerta
de su casa. Al entrar, el caballero vio que se estaba preparando la ceremonia de
boda y que se organizaba un convite.
Ante todos los invitados, el caballero sacó la mitad del anillo y pidió a su
esposa que mostrara la otra mitad. Al confrontarlos, el anillo quedó soldado
instantáneamente, por milagro de Santo Tomas, y la mujer - antes tan superficial
- se unió a su marido, renunciando a las nuevas bodas, y le pidió perdón,
prometiéndole ser en adelante la esposa más buena y cariñosa.
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