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La lección de los cofres
Un
rey muy poderoso y lleno de sabiduría, decidió un día enseñar a su pequeño hijo
un poco de virtud. Había visto en el niño cierto desprecio a los súbditos más
desfavorecidos, y mucho gusto en la compañía de los poderosos. Tenía que
entregarle buenos preceptores que se encargasen de que el pequeño árbol creciese
derecho, pero quiso antes de eso mostrarle en la práctica un par de cosas que
dejaran grabadas en su espíritu ciertas verdades que lo harían actuar bien
durante toda su vida.
Por esto, mandó el rey hacer dos arcas de madera y mandó que una fuese rellenada
de carne descompuesta; y la mandó cubrir de oro y de muchas piedras preciosas y
de especias y de muy buenos olores. Y en la otra mandó meter dentro las coronas
reales y otras piedras preciosas; y por fuera la hizo cubrir con pez y con
engrudo. Y después de hecho todo esto, mandó llamar al joven príncipe que se
encontraba jugando y le preguntó cuál de aquellas arcas valía más. El respondió
que la dorada era de más valor, pues sin duda para guardar cosas nobles había
sido hecha tal obra, y dentro de la otra negras y pegada debía yacer algo de
poco valor.
Dijo el rey: - Este es tu juicio, pero bien sabía yo que podías caer en este
engaño, pues los ojos externos solo ven las cosas externas. No conviene obrar
así, sino que conviene ver con los ojos del espíritu las cosas escondidas y ver
los engaños de las cosas encubiertas.
Entonces mandó el rey abrir la dorada por fuera y cubierta de piedras preciosas;
y cuando fue abierta, salió tal hedor que no se podía soportar en toda la corte,
y el niño vio tanta putrefacción que no pudo reprimir un gesto de profundo asco.
Dijo el rey: - Esta se compara con los que que nos llaman la atención por sus
ostentaciones, pero por dentro están llenos de podredumbre.
Después de esto, el rey mandó abrir la otra arca que estaba cubierta de pez y de
engrudo; y cuando fue abierta y surgieron las cosas nobles que adentro yacían,
se alegró el corazón del príncipe y de quienes presenciaban la escena.
Y dijo el rey: - Esta arcas es semejante a aquellos hombres que, aún
despreciados por el resto y mal juzgados, son sin embargo rectos en sus
costumbres y buenos en sus vidas. No siempre es de una forma, o de la otra, pero
debes aprender a distinguir cuál es el interior del cofre antes de juzgarlo por
sus ornamentos externos.
Dicho esto, el infante real comprendió la enseñanza de su padre, y a partir de
entonces no volvió a cometer este triste error, sino que pensaba y observaba
antes de juzgar a quienes le rodeaban, y pudo así distinguir a ciertos falsos
amigos que años más tarde querían traicionarle después de ganarse su amistad, y
supo también ser generoso y un buen amigo de otras personas aparentemente más
toscas o insignificantes. Por esto fue un gran rey, que supo tener el amor de su
pueblo, y la tranquilidad de saberse justo y bondadoso.
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