La
forma en que apreciamos las temperaturas por nuestro sentido del tacto es muy
relativa, y depende de algunos factores que alteran la percepción. En primer
lugar, puede llevarnos a error la diferencia de conductibilidad de los objetos
que se tocan. Así, el mármol y el metal parecen siempre más fríos que la madera,
que está a la misma temperatura. Y puede sostenerse más tiempo en la mano un
objeto de porcelana o de madera que un objeto de metal, calentados todos en la
misma estufa a la misma temperatura.
En principio, influye la temperatura a que la piel esté acostumbrada. Así. la
mano habituada al agua caliente halla fría al agua tibia, y a esta misma agua la
halla caliente la mano habituada al agua fría.
Para ver esto puedes hacer un sencillo experimento casero:
Pon tres recipientes grandecitos delante tuyo, y coloca en el izquierdo agua
fría, en el del medio, agua tibia, y en el derecho, agua caliente (que puedas
soportar al tocarla). Mete la mano izquierda en el frío y la derecha en el
caliente, hasta que se acostumbren a su temperatura. Entonces, después de un
ratito, introduce ambas manos en el agua tibia. Observa que la mano derecha la
encontrará fría, mientras que la izquierda la sentirá caliente.