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Su matrimonio a prueba

Por: D. Alberto Donoso
Consejero familiar

La vida íntima en la pareja no asegura necesariamente que ambos se conozcan íntimamente. La intimidad, de ordinario, se expresa en aquellos espacios y formas que están vedados a los demás. Es el círculo en el que podemos compartir mucho más de lo que, incluso, compartiríamos con nuestros amigos de mayor confianza.

Si acaso le preguntara al lector por detalles de su esposa, probablemente podría responder sin muchas dificultades por el color de pelo, de ojos o el vestido que llevaba hoy por la mañana. A la esposa no le costaría gran esfuerzo enumerar las aficiones del marido, sus gustos en el vestir o listar al círculo de amigos inmediatos.

Suponiendo que no costó mayor dificultad la respuesta, avancemos a un paso más esencial. Si no pudo responder sin parpadear, retroceda un paso y comience ya desde lo más básico del conocer a la persona a quien nos dimos en cuerpo y alma en matrimonio.

¿Qué sentimos? ¿Qué pensamos?

Ahora me dirigiré a ambos. Con una pregunta sencilla sobre su cónyuge: ¿qué es lo que más le agrada de usted?

Si acaso alguno respondió sin dudar, creo mi deber felicitarle con tanta calidez y afecto que quedo sin palabras para encomiar su matrimonio.

Las respuestas a estas simples preguntas, que suelo hacer a las parejas que asisto a diario, ilustran cómo es el funcionamiento de ese matrimonio.

El principio latino “ignotii nulla cupido”, nadie puede amar lo que no conoce, sigue siendo tan válido como lo fue hace tres mil años. Y, en la vida matrimonial, su aplicación práctica es rotunda: mientras más se conocen los cónyuges, y en mayor profundidad, más posibilidades tendrá de complacerse y lograr un matrimonio feliz y perfecto, como Dios desea y manda

No sólo saber sino sobretodo conocer

Existen cuatro líneas o parámetros del conocimiento de la pareja que resultan vitales para la salud matrimonial: su historia; su conducta y apariencia; sus gustos y sus aspiraciones.

Mientras más podamos profundizar en cada parámetro, mayor será la calidad afectiva, la contención y el apoyo que podremos darnos mutuamente.

Una experiencia muy interesante para realizar en pareja, animados por el deseo de quererse más y mejor, sería explorar en cada área primero por separado y luego comentándolas en común. Los resultados son entusiasmantes.

“Me caso con tu vida”

No importa cuánto tiempo hayan pasado de novios ni cómo se comprendan el uno al otro, el esposo y la esposa no forman un mundo aparte. Cada uno trae consigo una historia personal y un bagaje que no desaparece por la santa alianza.

Todo el peso de su pasado, esas fuerzas que encuentra en las raíces que se hunden en su historia personal y los traumas o dificultades que pesan en su vida, conviven junto al cónyuge que ama. Naturalmente, si conocemos con intensidad ese mundo, estaremos en mejores condiciones de apoyarlo y entenderlo en sus reacciones cotidianas.

¿Qué deberíamos conocer de nuestra pareja? Si bien la respuesta es compleja, se desprende del mismo amor al otro lo que sería conocerle bien.

Por ejemplo, desde lo más remoto a lo más cercano en el tiempo, conocer las condiciones y circunstancias de su nacimiento e infancia, educación o amistades. Abrir los ojos, los oídos y el corazón para acoger la peor experiencia de su vida, los dolores que más se hundieron en su pecho, las alegrías y triunfos que le llenaron de júbilo o las personas para con las que más afecto o rechazo tiene ya sea en su familia como en su vida hasta hoy.

¿Se apena por no conocer tanto como debería a su pareja? No se preocupe, que es lo normal en los matrimonios de hoy.

Sin romper los límites del respeto, pudor y caridad, podríamos inquirir más detalles de todo aquello que nos interesaría conocer de quien tanto queremos. ¿No sería eso un buen primer paso?

Ver con los ojos abiertos

Prestar atención a la apariencia no es una cuestión frívola. Por el contrario, nos dice mucho de quienes somos y que deseamos. Pregunte a una mujer cualquiera cómo se sintió aquel día en que su marido alabó o criticó su apariencia.

Este campo es delicado porque hiere con mayor frecuencia las mutuas sensibilidades, pero es un mundo que descuidamos con frecuencia.

Preguntémonos, por ejemplo, ¿cuáles son los colores favoritos de mi pareja?; ¿qué colores suele vestir o regalarme?; ¿cuánto pesa?; ¿qué perfumes prefiere?; ¿qué chistes contó últimamente?; ¿de qué temas de interés personal habló hace una o dos semanas atrás? o ¿cuál fue el momento más romántico que vivieron en el último tiempo, exceptuando la luna de miel. 

¿Qué sentimos de verdad?

El mundo de los sentimientos, de los gustos y repulsiones, es en parámetro donde más parejas se dan un golpe con la realidad. Poquísimos matrimonios dieron con las respuestas correctas respecto a los gustos y aversiones de su cónyuge.

¿Por qué se trata de un terreno tan complejo? Porque las emociones se relacionan con estados de ánimo, con placer y con dolor. Porque muchas veces estamos más atentos a qué sentimos y qué nos duele que a lo que “pasa en el otro”. Y es que el “otro”, respecto al mundo de los sentimientos, suele ser esa persona a la que vinculamos para expresar nuestro sentir. Es nuestro confidente, nuestro consuelo o, no pocas veces, el saco de arena contra el cual descargamos nuestros golpes de ira.

Este campo de la vida de pareja es tan desconocido que las preguntas no son fáciles de responder.

Plantéese con serena cercanía hacia su pareja algunas preguntas simples que bien podría complementar con otras nacidas al calor del ejercicio.

Hablamos de relaciones de conocimiento íntimo de su cónyuge como, por ejemplo, ¿qué le gusta más de lo que usted hace?; ¿a qué le teme en realidad?; ¿cuál de sus regalos le ha gustado más?; ¿qué cosas detesta de usted?; ¿qué momento juntos en el pasado valora más?; ¿cuáles son sus momentos favoritos junto a usted?, ¿qué siente en estos momentos por usted?, ¿cuál ha sido su humor este último tiempo? o, de su parte, ¿qué podría cambiar ese ánimo? (para bien o para mal).

Proyectando al final

El matrimonio no se fundó sólo para satisfacer las inquietudes presentes. Es una alianza de por vida, donde ambas parte se funden en una sola para construir un destino en común. ¿Cómo sería posible esa conquista sin que ambos conocieran cabalmente hacia donde apuntan los proyectos y deseos del otro?

El realismo, la practicidad e incluso las malas rutinas pueden influir negativamente en este desarrollo de la vida. ¿Cuántas veces no nos encontraremos frente a matrimonios que, con el paso de los años, se dan cuenta de que caminaban en rumbos distintos si acaso no eran opuestos? Hay ocasiones en que la lucha por triunfar económica y socialmente fue el gran proyecto de vida de uno de los cónyuges para encontrarse, al fin de sus vidas, que coronaron sus esfuerzos y cuando se aprestan a la celebración se encuentran solos o con familias destruidas o fracturadas. Lo mismo para quienes se empeñaron en la conquista de un futuro determinado, desconociendo los proyectos y aspiraciones del otro, que concluirá sus días o bien frustrado o bien ignorante de nuestra propia frustración.

Este campo es que el suele deparar mayores sorpresas. Conozco casos de parejas que descubrieron, después de ejercitar este sencillo esquema de reflexión y conocimiento, que ambos íntimamente deseaban vivir en otro lugar, de otra forma o incluso que les hería profundamente ver en el futuro una enorme frustración o grandes limitaciones. Y si bien no todos pudieron aplicarse a concretar esos cambios tal como los deseaban, todos pudieron promover enormes modificaciones en sus vidas que sí satisficieron las aspiraciones de la pareja.

Antes de sugerir algunas exploraciones, recomiendo que al llegar a este punto de trabajo en común, hagan un alto y presten una gran atención a su pareja, porque ingresarán a lo más íntimo y querido de ella, a esos campos que le dan sentido a su vida y le proyectan en el tiempo. No exageraría si dijera que, al llegar a este campo de la vida de pareja, entramos en un potentísimo preservante de separaciones y rupturas matrimoniales. Piense por si mismo cuánto le gustaría que su pareja prestara atención a sus sueños y frustraciones.

Propongo explorar con mucho tacto su conocimiento sobre su pareja y, ya visto en común, repetirlo en el tiempo. Preguntarse, por ejemplo, ¿qué le gustaría hacer en 5 o 10 años más?; ¿qué aficiones tiene y no desarrolla?; ¿qué deseos tiene por encima de su situación económica?; qué desearía legar a sus hijos?; ¿qué recuerdos desearía dejarle a su cónyuge?; ¿qué piensa y siente realmente de Dios, el alma, la vida después de la muerte, etc.?; ¿Qué admira de otros matrimonios que desearía ver algún día en ustedes?; ¿cómo le gustaría que usted fuera más allá de todo lo que le gusta de usted?; ¿cómo le gustaría ser valorado y respetado?; ¿qué desearía que se dijera en su funeral?, etc.

La comunicación no lo es todo

Si se ha sorprendido de los resultados de nuestro ejercicio, debería saber que prácticamente la totalidad de los matrimonios se apenan al ver cuán poco se conocen íntimamente.

Este problema se manifiesta incluso en matrimonios que poseen hábitos saludables de comunicación, como salir a caminar, reservarse momentos a solas para charlar más allá de las preocupaciones cotidianas o rezar juntos.

¿Saben cual es la causa frecuente de este problema? Se trata de los campos de comunicación, de que ese ir y venir de ideas, impresiones, comentarios, anécdotas, suelen centrarse en torno a cosas negativas, a preocupaciones, a situaciones que inquietan como los hijos, el trabajo, la economía, problemas familiares, etc.

Poco, demasiado poco, se comparten ideales, sueños, deseos, aspiraciones. Es verdad que se vive en realidades concretas y que incluso el cónyuge que lleva la parte pesimista se vuelve odioso “a su pesar”, pero el hábito de compartir un proyecto de futuro con ideales, sueños y aspiraciones hace que esos momentos felices sean largamente esperados por ambos.

Conversen de todos estos temas que repasamos en el ejercicio que proponemos. Incluso de qué cosas les gustaría cambiar de ustedes mismos, de sus hábitos y ocupaciones. Háganlo hasta hacer de la conversación un arte. Y perfecciónenlo. En la vejez apreciarán este goce íntimo, cuando ninguno de los otros placeres esté al alcance de ustedes. Así comprobarán que no hay intimidad mejor y más verdadera que aquella que acerca a las almas y las dona mutuamente.

Muchas parejas modernas se precian de tener una gran intimidad carnal, o un desfachatado modo de decir los que sienten y piensan. De esas parejas, tan pobres y limitadas en otros campos, son las que podemos esperar las rupturas y separaciones. Y si bien éstos no son pilares menos importantes del matrimonio - que lo son y no despreciables - el verdadero sello y garantía de felicidad matrimonial está en el mutuo conocimiento y apoyo de los esposos. Así, se cumplirá la profecía del Génesis, donde “dos serán como una sola carne” (Gen.II, 24).

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Fuentes relacionadas:

El Círculo de Oro 

El Círculo de Oro

Secretos del buen amor

Guía práctica para mejorar las relaciones con su pareja y familia

Precio US$ 4.50

 

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