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El drama del derroche en el matrimonio

Aunque puede ocurrir con los hombres, lo más frecuente es que este mal afecte a las mujeres. La esposa derrochadora... Todos ríen de sus travesuras financieras excepto el esposo, que sabe la realidad que tendrán que afrontar por este defecto. Para él, el matrimonio se convirtió en una pesadilla de números, y la relación se desgasta en un constante "tira y afloje" y el stress que significa vivir intentando cubrir los agujeros económicos que se crean por el mal hábito.

El marido solicita entonces préstamos desesperadamente a sus amigos, parientes, vecinos y hasta a sus jefes. Tan pronto como termina de pagar un nuevo automóvil - el consumismo desmedido es contagioso en la pareja - corre al banco para obtener un nuevo préstamo.

A menudo bromea con que "todavía escapa a sus acreedores", pero su risa suena hueca. El cansancio se nota en sus facciones, y la relación conyugal se va deteriorando, sin que esto refrene los gastos crecientes de su cónyuge. Después de un tiempo aparecen las ulceras, o presión alta, o cualquier problema de salud relacionado con el stress permanente en que vive.

La tipología de la persona gastadora es igual desde hace muchos años. Cae inevitablemente en las llamadas "ocasiones" y "ofertas" y se apresura en comprar todo aquello que le parece bueno y/o nuevo en los anuncios. Tiene escaso sentido del valor del dinero, y suele escoger el más caro aun teniendo otras opciones.

Se les considera clientes valiosos aunque no siempre seguros, pues suelen concederles mayor crédito del que debieran, ya que generalmente terminan con deudas impagables. Pero es igualmente frecuente que los gastadores impulsivos atraigan casi siempre a un compañero que se sacrificara para pagar sus cuentas. ¿Y quién mejor que el cónyuge?

Quien se casa con alguien que gasta compulsivamente tiene dos problemas: uno practico y otro emotivo.

Se preocupa primero por el porvenir económico sin esperanza de la familia y cuando siente que no puede soportarlo por mas tiempo, encara enérgicamente el asunto. Sus protestas generan escenas tumultuosas y lacrimosas. A menudo debe escuchar a sus hijos comentar injustamente con disgusto: "Papá está otra vez gritando por cuestiones de dinero"; o ver a su esposa economizar en la comida o en otras cosas indispensables, en un esfuerzo, no muy apropiado por cierto, de hacer aparecer al marido como mezquino y poco razonable.

La verdad es que el esposo que convive con este terrible defecto en su pareja, libra sus batallas a solas.

Para el resto del mundo, tales esposas parecen a menudo unas compañeras ideales y unas madres excelentes. Se le dice al marido cuán afortunado es por tener una mujer tan alegre, de buen carácter y fácil de llevar. Generalmente son calidas, afectuosas y forman amistades con facilidad.

Pero razonar con ellas es difícil, porque justifican cada gasto como una necesidad o un deseo de complacer al resto, cuando en realidad es un problema personal.

Los problemas personales de los derrochadores son afines a los que afectan a los ebrios, los jugadores y los adeptos a las drogas. Muchos de ellos se han sentido decepcionados ante la vida, en algún momento de ella, y se convirtieron en personas amargadas y neuróticas".

Para muchos, comprar en forma extravagante y desmedida constituye un desahogo. Con la misma facilidad podrían haberse dedicado a beber o a tomar narcóticos para dormir. Encuentran, sin embargo, que la emoción de las compras les levanta el espíritu. Como vicio, esta extravagancia tiene la ventaja de no acarrear consigo penalidades físicas o sociales
directas.

El dinero, o mas bien la falta de el, tiene una gran influencia en la vida de los gastadores. Suelen tener un pasado de pobreza o que ellos consideraron como tal. Con frecuencia, la madre de un gastador ha luchado también para cubrir las apariencias y vivir en un nivel superior al de sus medios reales.

Los gastadores impulsivos se dedican, como adultos, a resarcirse de lo que sienten que sufrieron en la niñez, y a cubrir los agujeros emocionales que no saben afrontar. Son generosos con sus hijos hasta caer en falta; pero lo falso de su aparente generosidad se revela rápidamente. Raras veces se preocupan por averiguar qué es lo que sus hijos realmente desean o necesitan. Procuran en cambio que tengan lo que ellos tan larga y ardientemente desearon para sí mismos.

Estas son algunas de las causas psicológicas que influyen en los derrochadores. Pero ahora usted tiene una pareja de este tipo, ¿qué puede hacer al respecto? Ante todo, sienta la seguridad de que es el gastador quien tiene problemas con el dinero, y no usted.

Sin embargo - y hay que considerar estos casos no tan infrecuentes - también la contraparte puede tener actitudes anormales respecto al dinero. La responsabilidad de tener que gastar el sustento de la familia, hace que en ocasiones se tome una conciencia tal de cada centavo, que cualquier desviación del estricto presupuesto le parece un ultraje, acusando así a su cónyuge de derrochar el dinero cada vez que se compra algo que no es absolutamente indispensable.

Antes de intentar reformar al otro, entonces, pregúntese:

1) ¿Es crónico y habitual su derroche?
2) ¿Contrae deudas que no puedo pagar y sabe que no puedo afrontarlas?
3) ¿Llora, pierde la paciencia, se enoja o reacciona en alguna otra forma poco razonable cuando discutimos nuestros problemas monetarios?

Si el problema existe, puede tenerse la seguridad de que la persona derrochadora nunca quedará satisfecha. Cuando la casa este completamente amueblada y decorada, y el guardarropas repleto, el interés se orientará hacia otras cosas. Podrá siempre coleccionar cuadros, cristales, platería, muebles antiguos, o podrá dedicarse a cultivar rosas o a criar perros de raza.

La situación exige un tratamiento directo, pero en forma acertada. Si usted se enoja y hace una escena por las cuentas que se acumulan, obtendrá ciertamente una resolución de reforma. Escuchará la promesa de "nunca mas lo haré", y será sincera, porque así lo piensa.

La verdad es que quien sufre este vicio considera que cada extravagancia será la ultima. Cuando adquiere un nuevo objeto, juzga que finalmente ha encontrado el artículo que necesitaba para estar contenta. Pero esa sensación no durará, como tampoco su promesa.

Si se le regaña demasiado puede recurrir a un derroche vengativo. "¿Acumulo demasiadas cuentas? - se dirá - ¡Ya le demostraré lo que son cuentas!".

Los métodos drásticos, como cierres de cuentas, tampoco tendrán resultados favorables, y la relación se dañara más aun de lo que ya ha sufrido.

La mayor ventaja de quien espera reformar a su pareja gastadora, es tener pleno dominio sobre las propias emociones. Debe actuar con bondad y firmeza. Largas y sensatas conversaciones poniendo más énfasis en el afecto que en el reproche, no resolverán el problema, pero pueden disminuir su gravedad considerablemente.

Puede también disminuirse la presión y no hablar del asunto durante un tiempo, intentando que la siguiente conversación esté lo mas libre de resentimientos posible.

Pero el efecto mas permanente lo conseguirá cuando haga comprender al derrochador que su problema es de origen emotivo.

Saber que los psiquiatras consideran el derroche irresponsable una anormalidad o una manía como el alcoholismo, causa muchas veces una gran conmoción.

Enfocarse en tratar el problema subyacente, en lugar de atiborrarse de elementos externos, es sin duda la mejor vía. Hablen, ayúdense mutuamente, e intenten que el problema se solucione sin involucrar malos tratos - que no resuelven nada - ni hacer de cuenta que no ocurre nada malo...

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