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La
televisión y el matrimonio
Hace
muchos años, la televisión era como los postres; algo que las parejas compartían
después de la cena, de las labores cotidianas, de un rato de conversación. Pero
hoy día este entretenimiento se ha convertido en la comida completa, y los
cónyuges guardan ante el aparato un mutismo letárgico, en vez de charlar
afectuosamente.
¿Ha llegado usted a dedicarle todo el tiempo libre en el matrimonio a esta forma
de esparcimiento? ¿Qué es demasiado, en cuanto a ver televisión?
Cuando las cenas ya no son de pareja, sino que la televisión es parte integrante
de sus encuentros, cuando sus sentimientos son más fuertes por una película que
por el otro, cuando les irrita cualquier distracción que impida continuar viendo
un programa o sienten que se les trastorna la vida porque el televisor no
funciona, su vida conyugal puede estar sufriendo una seria amenaza.
Muchos expertos aseveran que ver demasiada televisión puede resultar devastador
en los matrimonios. Ver televisión es un acto pasivo que llega a convertirse en
sustituto de las relaciones íntimas de una pareja, y acaba por inhibir la
cercanía. Si los casados atienden al aparato más de una o dos horas cada noche,
quizá estén mejor sintonizados con la pantalla chica que entre sí.
Los integrantes de la pareja no tienen que hacerse caso cuando están viendo
televisión. Es como si quisieran dormirse temprano para huir uno del otro.
La pantalla chica ejerce un efecto muy negativo en matrimonios que atraviesan
por problemas emocionales, sexuales o financieros, los cuales prefieren no
encarar. Aparte de que desperdiciarán el tiempo "enchufados al televisor", los
casados no comunicativos no encontrarán ayuda para resolver sus dificultades en
el contenido de muchos programas populares.
Lo que la gente ve generalmente en la televisión es tan irreal que, junto a
ello, esforzarse por sacar adelante un matrimonio verdadero parece tan divertido
como picar piedra.
Sin embargo, si una pareja está acostumbrada a conservar el televisor encendido
siete horas diarias, renunciar a él de pronto podría causarle ataques de
nervios.
En vez de eso, lo mejor es dejar el hábito poco a poco, a medida que los
integrantes de la familia se vayan interesando cada uno en las vidas de los
demás.
Tome en cuenta los siguientes consejos si desea disminuir su consumo de
televisión:
-
Tenga sólo un televisor en casa. Como mínimo,
no sería mala idea deshacerse del que se encuentra en el comedor.
-
No recurra al televisor porque siente que
necesita una niñera para usted mismo, o una fuente de "ruido de fondo". Si
no lo está viendo, apáguelo.
-
Adquiera el hábito de encenderlo solo cuando
sepa que pasan un programa o película que le interese en particular, y no
simplemente porque ahí está.
-
Y cuando vea televisión en compañía de su
cónyuge, siéntense los dos muy juntos en el sofá o la cama, de preferencia
abrazándose o tomándose de las manos.
Para muchas personas, la televisión es un medio de relajarse después de un arduo
día de trabajo. No obstante, ciertos estudios parecen indicar que no es un buen
calmante. Según las investigaciones hechas en la Escuela de Investigaciones
Annenberg, Filadelfia, la televisión puede alimentar en la gente estados de
ánimo caracterizados por la angustia y el recelo.
El psiquiatra de Los Ángeles Lawrence Friedman afirmó en cierta ocasión: "Estoy
convencido de que muchísimos divorcios podrían evitarse, pues se deben en parte
a que en la televisión se aplican soluciones muy simplistas a problemas
complejos, y esto influye en la gente. Mis pacientes hacen con frecuencia
aseveraciones como: Si pudiera yo dar por terminado este matrimonio, todo se
arreglaría. ¡Esto es absurdo!"
Por tanto, en vez de divorciarse de su consorte, divórciese de su televisor.
Cuando logre verlo menos, podrá esparcirse más y disfrutar de la vida con sus
hijos, sus amigos y su pareja. Al fin y al cabo, como observa el psicólogo Urie
Bronfenbrenner: "el principal peligro de la pantalla chica no reside tanto en la
conducta que induce, como en la que desalienta"...
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