|
Prepararnos para el amor de nuestra vida
Todos
– en mayor o menor medida – conocemos los pensamientos negativos que asaltan la
mente en la vida sentimental. Perder a la pareja o muchas veces no tener
perspectivas de tener una, golpean el animo arrastrándolo por los caminos de la
angustia y de la depresión. Si a tal panorama sumamos el historial de
experiencias traumáticas y dolorosas, es natural el estado de ánimo que nos
acompañe día a día. ¡Es tan hermoso y tan alegre la vida de los enamorados! Y…
¡que triste es la vida sin amor!
Esa pena interna, la melancolía se sentirnos solos y abandonados de la vida,
comienza a desaparecer con un pequeño pero enorme truco:
orden. Ordenar las cosas y trabajar en ellas, es el único toque
que puede cambiar nuestra vida y es lo que hará realidad nuestros sueños. Pero
ese orden requiere avanzar por etapas y dar prioridades.
La primera etapa del cambio en nuestra vida es ordenar
las ideas. Es hermoso amar y ser amados, es verdad, pero también es
posible y debe serlo, vivir alegres y satisfechos aunque no tengamos ese amor en
nuestra vida. Y esa satisfacción no nos la regala otra persona.
Parte por sentirnos amados por un Dios de amor y sentir
amor por nosotros mismos. Abrir los ojos a esa realidad que nos saca
del frío psicológico de la soledad. Aceptar ser amados por un Ser superior a
nosotros, incondicional, llena el fondo del alma y prepara el nido para el amor
humano que esperamos. Por otra parte, ese nido no puede existir sin ramas
amorosas y firmas que le sostengan. Esas ramas se nutren y forman del amor a
nosotros mismos. Sin ese amor, no podemos dar lugar estable a ningún otro amor.
Nuestra primera medida práctica será traspasar a un papel limpio y personal, una
o dos propuestas que nos haremos a nosotros mismos, para recrear ese amor por
Dios. Una lectura que nos alegre, recopilar pensamientos positivos, unos minutos
de meditación o de encuentro intimo para hablar con Él, cargarán nuestras
baterías internas para todo el día y nos llevarán a dormir con la tierna
seguridad de sentir un amor incondicional.
En ese mismo plan interno se traslada a nosotros mismos. Si no atendemos a lo
que ofrecemos a nuestra pareja, si lo que deseamos entregar es pobre y mal
cuidado, no podemos esperar grandes resultados. Mucho menos podemos enfadarnos
si nuestros mayores sueños huyen de nuestra realidad. Castigarnos a nosotros
mismos descuidándonos física, intelectual y emocionalmente solo aleja nuestras
metas.
En este plan, apuntaremos algunos cambios para con nosotros. Será nuestro
proyecto de mejoras. Pensemos en cómo nos gustaría ser vistos por nuestra futura
pareja. Un cambio de aspecto físico, conocer un poco más de algún tema o
aprender algunas habilidades son algunos excelentes cambios para comenzar a
enriquecernos. Un buen estímulo es, al terminar nuestra pequeña lista, meditar
en todo cuanto perdimos en la vida hasta hoy y qué haremos para evitarlo. Eso
reforzará nuestra decisión y nos dará el impulso para perseverar en los cambios,
sin bajar los brazos a la semana de intentarlo.
Desde esa etapa, avanzamos a una segunda decisión: mirar con otra mirada. Si ya
tenemos bien fundada nuestro nido, es preciso que abandonemos los esquemas del
pensamiento viejo, dañino. El autosabotaje nos funciona aunque concientemente no
nos demos cuenta. Es como si “preseleccionaramos” parejas que nos dañarán en ese
mismo punto, todas caen del mismo lado y nos golpean donde más nos duele.
Repasemos mentalmente: quienes de nuestras amistades y personas que amamos nos
dieron amor y quienes nos dañaron. Traspasemos a nuestro papel limpio todo eso.
Volquemos lo que sentimos de cada uno y repasemos durante algunos días, esos
sentimientos. Poco a poco comenzarán a aparecer respuestas internas, claves de
qué fuimos lo que buscamos aquella vez, qué encontramos y cómo reaccionamos en
el tiempo, Ya estaremos listos para el paso siguiente.
Ahora, con nueva mentalidad y enriquecidos por dentro y fuera, podemos caminar
hacia el siguiente cambio. Comenzaremos a romper nuestros ciclos y costumbres.
Si cambiamos el pensamiento, cambiaremos nuestras acciones. Hay que romper el
cascarón que nos oprime quebrando el ciclo de nuestra vida tal como la
conducimos hasta ahora. Buenas ideas surgen a través de la práctica de nuevos
intereses, de donde conoceremos nuevas perspectivas y contactaremos con personas
que no entraban en nuestros círculos.
Nuevas aficiones, deportes y actividades novedosas no sólo nos llenarán de
estímulos y energías, sino que nos enfocarán en mundos que se acercan mucho más
al ideal que siempre quisimos alcanzar. Traspasaremos, entonces, a otro papel en
blanco, y traspasemos todas aquellas cosas que quisimos hacer. Luego, abramos
nuestra mente, dejemos en casa a la vieja personalidad acomodada en nuestra
forma de vida anterior y demos un lugar en nuestra agenda a los primeros pasos
que caminaremos en esta nueva etapa. Abramos paso a las clases que deseábamos
tomar, a los viajes que nunca comenzamos o incluso a las fiestas que rechazamos
por años. No sabemos si escondidos en esos caminos que jamás pensamos recorrer
conoceremos a la persona de nuestra vida que nos espera precisamente mucho más
cerca de lo que siempre deseamos que de lo que hasta ahora siempre nos ha
fallado.
Finalmente, la misma regla que cumple los sueños de todos los campos de la vida
se hace realidad concreta en nuestra vida amorosa: recibimos porque damos. Todas
las culturas, las principales religiones, las filosofías más universales hacen
de este principio una llave de oro. No podemos recibir amor si no damos amor. El
amor no es algo personal que queda en el pecho esperando recibir más. El amor es
una energía poderosa que crece al circular, al entregarse, al regalar. Más somos
amados en la medida que más amamos.
Este paso, el más difícil de decidir para quien sufre de amor, es curiosamente
el más fácil para comenzar porque no necesitamos alejarnos de nuestro mundo
inmediato. Tenemos a nuestra familia, a los amigos cercanos, a nuestros
conocidos de estudios o de trabajo e incluso a nuestros vecinos y personas de
los comercios habituales. Con ellos podemos ensayar brindarles una sonrisa, una
palabra amable. Luego podemos aumentar el poder de nuestras emociones, probando
llamar por teléfono o visitar a antiguas amistades, enviando un correo y
preocupándonos por aquellos que permitimos que se apartasen de nuestra vida.
El grado siguiente es ampliar aún más el círculo, incorporándonos a movimientos
más amplios, como obras de caridad, círculos de trabajo o estudio, acciones
sociales o religiosas. Veremos cómo rápidamente los ejercicios de amor retornan
en mucho más amor, de muchas más personas de las que comenzaron formando nuestra
vida. En ese crecimiento, muchas formas de amor – incluso el gran amor de
nuestra vida – vendrán a nosotros, potenciados por nuestras acciones y caminando
exactamente desde donde nacen nuestros deseos más queridos y anhelados.
Regresar a portada
»
|