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Eligiendo bien el colegio de sus hijos
Por: Pablo Maillet
Licenciado en Filosofía, especializado en Educación
Correo electrónico:
pmaillet@buenvivir.org
Cinco puntos generales
El momento perfecto
del año para escoger el colegio de sus hijos es a mediados del año anterior a su
ingreso, porque de ésta forma se puede observar el resultado de los alumnos.
Normalmente los padres eligen los colegios de sus hijos durante las vacaciones
de verano, lo que provoca adelantar desagradablemente el regreso del descanso, o
apurar trámites de forma innecesaria.
Para elegir el colegio de sus hijos, lo primero - y antes que enumerar elementos
- es necesario sacar el mito de que “el colegio depende del gusto de la
familia”, o que es lo mismo que decir que el mejor colegio no existe sino que
hay uno especialmente diseñado para cada tipo de personas. Eso no es cierto.
Sería como elegir un peluquero “que corta mi tipo de pelo” en lugar de escoger
“el mejor peluquero”, o para construir una casa llamase al arquitecto que “me
interpretara” en lugar de escoger “al mejor arquitecto”.
Si se trata del cabello o de la casa ponemos lo mejor de nuestras fuerzas, y
dinero, en cambio para elegir el colegio de nuestros hijos escogemos lo que
mejor se aviene.
Número Uno: la Misión del colegio
La regla numero uno es escoger “el mejor colegio”. Por supuesto que los factores
económicos se tornan una limitante, pero al menos el límite será externo a
nuestra decisión, y no está en nuestras manos. Pero lo que sí tiene que quedar
claro es que tenemos que escoger el mejor que podamos pagar. Ahora bien, si
existen colegios buenos con sistema de asignación familiar, hay que comenzar por
buscarlos.
Para comenzar, diremos, el primer elemento - lejos de ser el económico - es la
Misión Educativa. Todo colegio tiene una “misión”, término que se utiliza
también para toda empresa, y significa la finalidad de tal obra. La misión de un
colegio es su objetivo.
Muchos colegio dirán que su misión es “educar en los valores con currículum
centrado en la persona”, por lo tanto habrá que pasar a un segundo elemento a
observar: el cumplimiento de su misión.
Número dos: Cumplimiento de las promesas
Es evidente que no todo objetivo se logra en un cien por ciento. Ni siquiera los
objetivos militares, que por su eficiencia podrían hacerlo. Lo que ocurre acá es
que el colegio - y toda empresa - pone un fin e intenta cumplirlo, pero lucha
con factores externos que impiden o molestan a su cumplimiento. Lo que hay que
ver es con cuánta exactitud alcanza el blanco.
Se tiene la misión, se apunta a la misión, todo se ordena a ella, profesores,
infraestructura, directores, etc., pero si no alcanza el blanco, es decir la
misión, será porque hubo un elemento externo que falló: un niño con problemas
atencionales o tendencia a la depresión, una familia con dificultades, etc. Lo
importante es que usted y su familia trabajen en conjunto con ese colegio, de
modo que aúnen fuerzas para que la flecha llegue a donde corresponde.
Número tres: Educación, no entrenamiento
En tercer lugar hay que tener especial cuidado de no caer en reducciones. Los
colegios normalmente entusiasman a los padres con sus resultados en las Pruebas
nacionales, en las pruebas de calificación, etc. Esto no es un indicador
necesariamente del cumplimiento de su misión. Un colegio puede tener, por
ejemplo, como misión educar a un joven ecologista, un perfecto ecologista, que
llegue a identificarse tanto que deje su vida y se vaya al Amazonas a salvar la
Selva. ¿Podrá algún test medir la efectividad de esa misión? Los padres que
pusieron a su hijo en ese colegio querían que su hijo fuera un perfecto
ecologista, y lo fue, pero el colegio no sacaba buenos resultados en las pruebas
nacionales.
Entonces el factor determinante en la “calidad” del colegio – término basureado
por el materialismo actualmente presente - será el logro y alcance eficiente de
su misión, no de los resultados de una medición externa a los fines del colegio.
Número cuatro: Bueno, en todo
En cuarto lugar lo que se debe revisar es el “pasillo” del colegio. Se le llama
“pasillo” a todo el conjunto de sensaciones, impresiones y observaciones que
realiza usted, desde que llama por teléfono la primera vez para concertar la
entrevista, hasta terminada esta; y eso incluye la respuesta telefónica cálida,
la atención amable del personal, la insignia, el establecimiento y su estructura
física, la entrevista misma (quién la da, cuánto tarda, cómo le trata, etc.). Un
buen colegio tiene un buen personal, capacitado, se preocupa de educar hasta en
lo que observa su hijo: jardines, patios seguros, edificios cómodos,
instalaciones apropiadas por edad e intereses, etc.
El “pasillo” es importante por que ahí es donde uno ve, y donde el colegio no le
dice nada por su voz, sino por su imagen: para ser esposa del César no sólo hay
que serlo sino también parecerlo; un buen colegio no sólo lo es, sino que
también lo parece.
Número cinco: La sala de clases
En quinto y último lugar estará la solidez de la enseñanza. El corazón del
colegio es la sala de clases. Si bien es cierto que todo lo anterior es de suma
importancia, lo central es la sala de clases. Es ahí donde se hace un colegio.
Es el profesor frente a su alumno: el Maestro y su aprendiz.
La solidez de la enseñanza se puede observar en sus egresados, cómo se
comportan, cuánto saben, qué saben. Como dijimos atrás: no siempre habrá una
efectividad del cien por ciento, pero habrá una tendencia. Y si el colegio no
tiene egresados, habrá que revisar el Proyecto Educativo, que consiste en la
planificación del colegio, qué asignaturas se dan, cómo se enfocan, cómo ve el
colegio la educación, qué concepto tiene de ella.
Es bueno conversar con los profesores, con los auxiliares, y secretarios, no
sólo con el director. La solidez de la enseñanza se ve en la seriedad con que se
da el proceso educativo.
Conclusión
En resumen, podemos decir que para elegir un buen colegio hay que buscarlo bien,
tomarse su tiempo y tener paciencia para revisar muchos. No entusiasmarse de
buenas a primera, sino profundizar: ¿Qué es educación para este colegio?
Recuerde que está dejando la educación que usted no puede dar a sus hijos por
tiempo o inexperiencia, en manos de otros. Vigile que esos otros valoren tanto a
sus hijos como lo haría usted, cuide que no reduzcan la educación de sus hijos a
los resultados de una prueba de selección, o a una acumulación de conocimientos
que no va a saber cuándo aplicarlos, o a una manera de comportarse en público,
en fin, la Educación es - siempre - la formación de la persona, el darle una
forma, como un artesano a su barro. Y la mejor forma no la puede ayudar a dar
nadie más que los mismos padres.
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