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Ayudando a los hijos a estudiar mejor
El
aprendizaje no se da por sí solo. La buena instrucción requiere de tres
participantes: el estudiante, el profesor y los padres. Pero, ¿cuál es la
función de los padres? ¿Qué pueden hacer para ayudar a que sus hijos sean
mejores estudiantes? Presentamos algunas recomendaciones de hombres y mujeres
reconocidos como educadores sobresalientes.
Empiece bien
- Conozca al maestro de su hijo/a al principiar el ciclo escolar. Asista a la
junta de inauguración de cursos, visite al grupo y pase un rato viendo cómo
trabaja. Entérese de lo que se enseña a los niños y lo que se espera de ellos.
¿Qué libros se leerán? ¿Qué cantidad de tarea se dejará?
- Envíe a su hijo a la escuela diariamente. Los maestros se preocupan porque
muchos padres asignan otras actividades a sus hijos. A veces se trata de una
cita con el dentista, o de vacaciones familiares. El niño deja de hacer el
trabajo escolar y recibe este mensaje paterno: "La escuela no es tan
importante".
- Mantenga una actitud positiva. Los niños aprenden mejor cuando se sienten
satisfechos de sí mismos. Recuerde esta magnífica norma: "Cada niño debe obtener
algún triunfo todos los días". Preste atención a aquello que su hijo hace bien;
observe hasta los mínimos progresos y elógielo generosamente. Nunca lo humille
ni lo ridiculice.
- Muestre interés. Si pregunta usted "¿Qué hiciste hoy en la escuela?" y el niño
le responde "Nada", hágale preguntas más específicas basadas en lo que usted
sabe que se le enseña. Aunque no obtenga mucha información, le hará saber que le
interesa la escuela.
Trabaje con los maestros
- Los niños aprenden mejor con aquellos a quienes respetan; por tanto, evite
criticar al maestro delante del niño. No diga que el profesor es "muy estricto"
o "demasiado irritable", o que "no sabe lo que dice". Si tiene alguna crítica,
hágasela personalmente al maestro En caso de que esto no resuelva la situación,
hable con el director.
- Manifieste más interés en el contenido y en el desarrollo que en las
calificaciones. ¿Qué está aprendiendo su hijo? ¿Se ve que adelanta? Cuestione
tanto las buenas calificaciones como las malas. ¿Es cada buena nota una señal de
buen aprovechamiento, o de que era muy fácil el trabajo? Indague cómo puede
colaborar para enriquecer el programa educativo, en casa y en la escuela.
- Ofrezca información que ayude a los maestros a comprender a su hijo. ¿Trabaja
mejor sólo o en equipo? ¿Ocurre en casa algo - una enfermedad, un problema
familiar, un nuevo empleo - que pueda afectar el rendimiento escolar del
pequeño?
- Si usted considera que existe algún problema, no espere hasta la siguiente
reunión programada de padres y maestros; póngase en contacto con el maestro y
concierte una cita con él. Los alumnos brillantes pueden empezar a tener
dificultades cuando se aburren; y los peores pueden inventar pretextos porque se
sienten incapaces de realizar el trabajo. En cualquier caso, consulte al
maestro.
- Aproveche los datos de los boletines de calificaciones, de las juntas con los
profesores y de las pruebas de aptitudes para conocer las cualidades y las
fallas de su hijo, y en qué puede ayudarle. ¿Carece el niño de cierta aptitud?
¿Puede usted conseguirle un profesor particular en esa área? ¿Tiene algún
impedimento físico, como trastornos de la vista, del oído o quizá algún problema
de aprendizaje?
Fomente la responsabilidad
- Enseñe a su hijo a lavar los platos, cuidar de los animales domésticos y
arreglar su cama. Los maestros aseguran que pueden distinguir fácilmente a los
alumnos que cumplen con los quehaceres domésticos encomendados porque destacan
como buenos estudiantes.
- Establezca metas que estén al alcance de los niños. Muchas metas pequeñas que
un niño pueda realizar consecutivamente dan mejores resultados que una sola meta
importante, porque establecen la esperanza del triunfo, lo cual puede ser lo que
muchos educadores llaman "una profecía que se realiza a sí misma".
- En lo físico y en lo mental, apoye la actividad, no la pasividad. Esto
significa que se debe preferir una bicicleta a una motocicleta, la lectura a la
televisión, los microscopios y modelos para armar a los juguetes ya hechos.
- Dé premios en vez de aplicar castigos. Es posible que un logro en sí
represente una recompensa, pero ciertos privilegios especiales constituyen un
estímulo. Si lleva al pequeño a comer lo que a él le gusta, o le hace un regalo
por un triunfo en algún deporte, por ejemplo, ¿existe una razón para no actuar
de la misma forma cuando se trata de un triunfo escolar?
Refuerce el aprendizaje
- Busque los momentos en que se pueda propiciar la enseñanza. En la tienda,
pregunte "¿Cuánto me darías de cambio?". Si planea realizar un viaje, permita
que su hijo ayude a trazar la ruta en un mapa. ¿A cuántos kilómetros está? ¿A
qué hora llegaremos?
- Los niños hacen lo mismo que sus padres, no lo que éstos les indican. Si un
padre se entusiasma por ideas y libros nuevos, su hijo actuará igual; si el
padre insiste en que todo debe hacerse bien, así hará el niño sus tareas
escolares.
- Inculque la concentración. "Prestar atención" es clave importante del
aprendizaje, y constituye una habilidad que cualquier niño puede adquirir.
Explíquele cómo se concentran los atletas para un juego de fútbol o en un
partido de tenis. "Mantén la vista en la pelota, ¡concéntrate!", se dicen. En el
aula, su hijo puede practicar este provechoso diálogo interno: "Yo puedo
lograrlo" o "Escucha al maestro".
- Enséñele a hacer preguntas al leer. ¿Qué hizo triunfar a este explorador?
¿Quién arriesgó la vida por su patria, y por qué? ¿Cuál fue la causa de la
hambruna? Anímelo a sacar conclusiones. Si estudia un invento, como el teléfono,
por ejemplo, hágale imaginar cómo sería nuestra vida sin él.
Ponga reglas claras
- Sea flexible, pero recuerde que los niños se desarrollan mejor con el orden y
la rutina. Esta puede ser una buena regla: "Si no terminas tu tarea escolar, no
podrás salir". Es posible que a su hijo no le agraden siempre las reglas; acaso
mencione a algunos amigos a los que se les permite acostarse tarde, ver más
televisión y dedicar menos tiempo a las tareas escolares. He aquí una respuesta
sencilla: Yo no soy padre/madre de esos niños".
- Todos los niños necesitan un lugar tranquilo para estudiar, con buena luz,
donde no los interrumpan. Resérvele una hora determinada para que estudie allí.
- Mientras estudia no debe funcionar la televisión ni el tocadiscos, ni haber
interrupciones constantes. Y opóngase a las llamadas telefónicas prolongadas;
dichas llamadas pueden hacerse después.
- Recuerde que cada niño es diferente. Algunos trabajan mejor si completan el
estudio y las tareas en una sola sesión; otros prefieren estudiar 20 minutos,
tomarse un descanso y continuar después.
- El estudio en casa requiere del apoyo de usted, pero no debe olvidar que la
tarea es del niño, no suya. Si el pequeño ignora cómo se escribe una palabra, la
respuesta debe obtenerla del diccionario y no de usted. Revise la tarea y señale
los errores, pero insista en que sea él mismo quien encuentre las respuestas
correctas.
- Si hay en la tarea algún tema que el niño no entiende, no debe usted
precipitarse a darle una larga explicación. Antes, pídale: "Explícame lo que
entiendes de esto". Escuche con atención en qué consiste el problema. Algunas
veces, una leve confusión se disipa al leer el material en voz alta y discutirlo
brevemente.
- En los trabajos semestrales y en proyectos importantes, enseñe al niño a
dividir el trabajo en partes. Si necesita redactar un informe, puede emplear un
fin de semana en la investigación, y el siguiente en la redacción. En vez de
atiborrarse de información en la víspera de un examen que abarca varios temas,
debe prepararse con más de dos o tres días de anticipación.
Ajuste a la enseñanza superior (secundaria)
- Los maestros advierten que el índice de reprobados en la escuela secundaria es
mayor que en cualquier otra época de estudio. Junto con los cambios físicos y
sociales propios de la adolescencia, el niño debe pasar del aprendizaje concreto
al analítico. Si esto desconcierta a su hijo, usted puede ayudarle reforzando
los aspectos concretos de las lecciones, todo aquello que se puede memorizar,
además de explicarle los razonamientos y aspectos lógicos de cada tema.
- Esta etapa educativa constituye la época en que el niño debe volverse más
responsable. Los padres deben empezar a dejar de vigilar a diario el
cumplimiento de las tareas. Todavía se deben revisar de vez en cuando los
trabajos y los cuadernos, y debe usted saber lo que aprende su hijo, el
propósito en esta etapa es ayudarle a hacerse responsable plenamente de sus
tareas.
- Fomente el hábito de la lectura en su hijo. Hable de los sucesos mundiales
como se tratan en los periódicos y revistas que usted lee. Procure introducir
buenas obras en ediciones rústicas (así resultan menos intimidantes).
- A estas alturas, el estudiante ya debe tomar notas en clase. Muchos maestros
dan las claves de los aspectos importantes escribiendo en el pizarrón o
utilizando frases como "tres razones para...", "el propósito de...", "en
resumen...".
Esté alerta
- Manténgase alerta para descubrir, si aparece, el síndrome del adolescente
demasiado ocupado. Puede tratarse de un empleo que desempeña después de asistir
a la escuela y que le quita demasiado tiempo, o pueden ser demasiados equipos
deportivos, compromisos y otras actividades. Indíquele lo que se pueda suprimir.
Tal vez su intervención represente un alivio para su hijo.
- No pase por alto ningún problema. La drogadicción y el alcoholismo entre los
adolescentes existen hasta en las mejores escuelas. Asista a las reuniones en
que se hable de estos temas, y entérese de cuáles son los síntomas. Vigile los
cambios en el apetito, en la actitud, en el comportamiento entre los compañeros
y en las calificaciones.
- Los adolescentes luchan por ser independientes. Es posible que actúen como si
no quisieran que los padres se metieran en sus vidas, pero usted debe intervenir
igual. Busque siempre la manera de comentar: "Esto me interesa... Esto me
preocupa".
- Ayude a su hijo/a a prever el futuro. Procure estar en disposición de discutir
las opciones que se le presenten. ¿A dónde piensa ir? ¿Qué carrera le interesa?
¿Qué aptitudes, cursos y preparación necesita para alcanzar sus metas? Si no
está seguro de haber hecho una buena elección, ayúdele a buscar actividades y
cursos optativos que le permitan explorar una mayor cantidad de posibilidades.
¿Pueden los padres ayudar a sus hijos a mejorar en la escuela? La respuesta de
profesores experimentados ha sido unánime: ¡Por supuesto que sí!.
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