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El desarrollo del lenguaje

Por: Dra. Jane M. Healy

Es indudable que algunos niños aprenden las formas y usos del lenguaje con más facilidad que otros y puede que alguno tenga  dificultades aunque haya recibido más afecto y atención. La mayoría de los problemas de lenguaje no son a causa de los padres. Las variaciones del desarrollo del lenguaje suelen reflejar diferencias de la inteligencia. En el extremo superior de la escala, uno de los indicios del talento es el conocimiento precoz del vocabulario y del empleo de palabras para expresar ideas. Sin embargo, hay niños muy inteligentes que desarrollan el lenguaje con lentitud. La investigación referida al predominio de uno de los hemisferios sobre el otro demuestra que en ciertas familias puede haber problemas de lenguaje, que a su vez son compensados por una gran capacidad para las actividades que requieren habilidad visual y espacial. ¿Cómo saber cuando un niño está aprendiendo a emplear el lenguaje normalmente? Algunas de las primeras señales se encuentran en los mecanismos del lenguaje, es decir, en la manera en que se expresa y pronuncia.

Dominio de los mecanismos

Recepción del lenguaje

Como todos los sistemas de producción, el lenguaje consta de dos partes: entrada y salida. Si la "materia prima" que entra no es de buena calidad, tampoco será bueno el material que sale. Esto ocurre tanto en las fábricas de automóviles como en el sistema de producción del lenguaje. La capacidad de emplear sonidos se denomina fonología. El desarrollo fonológico comienza cuando los sonidos del habla activan las redes neuronales, listas para entrar en acción.

En primer lugar, el niño debe estar en condiciones de prestar atención. La capacidad de concentrarse en sonidos importantes y diferenciarlos del ruido ambiental general se origina en una zona profunda e inferior del cerebro. La mayoría de los niños lo hace espontáneamente, pero usted puede ayudar a su hijo rodeándolo de un entorno en donde el ruido esté razonablemente controlado. Es mejor "hablar" con una sola persona por vez.

En segundo lugar, debe poder discriminar un sonido de otro. ¿Mamá le habla de un "tubo" o de un "cubo"? Resulta más sencillo si el objeto se encuentra visible. El "período crítico" para dominar la discriminación de sonidos se encuentra probablemente entre el momento del nacimiento y los cinco años; si el cerebro no practica lo suficiente durante ese período, el niño puede tener dificultades posteriores con la lectura, la ortografía y la pronunciación clara.

La emisión de palabras

Uno de los niños de mis vecinos dice "pasketti" en lugar de espagueti tan a menudo, que toda la familia emplea ahora ese término para referirse a esa clase de pasta. Esta confusión de sonidos demuestra que el hemisferio izquierdo no ha perfeccionado su labor. En primer lugar, los sonidos de las palabras deben ser oídos claramente, en el orden correcto y retenidos en la "memoria de corto plazo" el tiempo suficiente como para que el cerebro los registre. Luego es necesario recuperar el orden y enviar los sonidos al aparato que los emite.

Durante el primer año de vida el cerebro practica intensamente escuchando e imitando sonidos, pero en su mayoría los niños no están preparados para emitir verdaderas palabras hasta después de cumplir un año. Como muchas otras habilidades, ésta no puede ser impuesta por la fuerza, pues depende de la madurez de las conexiones entre el cerebro y el aparato productor de sonidos. Otras zonas del cerebro que maduran simultáneamente se encargan de la necesaria memoria a corto plazo. Las características típicas de las primeras palabras que pronuncia el niño son la simplificación de las combinaciones vocales y consonantes y la incorrecta pronunciación: "chara" en lugar de "cuchara", "dato" en lugar de "gato". La articulación y la memoria mejoran con la práctica intensiva y el aprendizaje de palabras más largas. Presento a continuación algunas sugerencias para estimular el desarrollo de los mecanismos del habla:

  • Los adultos tienden a hablar con más claridad y a hacer pausas más prolongadas que cuando hablan con otros adultos, porque los sonidos rápidos y cambiantes confunden a los niños. Tenga en cuenta la reacción del niño para no sobrecargar el sistema y obstruirlo.

  • Es positivo exagerar la articulación de las palabras para que el niño perciba el mensaje. Es aconsejable simplificar las palabras cuando se le habla al bebé pero no es necesario hablar incorrectamente.

  • Los juegos que imitan los movimientos de la lengua ayudan a fortalecer el aparato de emisión de sonidos. Practique imitando distintos tonos y volúmenes.

  • Emplee un libro de juegos infantiles para encontrar ideas que faciliten el desarrollo del lenguaje. Los juegos en los que se repiten sílabas son excelentes. Cuando el niño aprende a repetir una sílaba ("ba") trate de hacerle repetir dos ("ba-da") y luego tres ("ba-da-ba"; "ba-ga-da"). Luego comience a emplear palabras. Trate de que sea sencillo para que al niño le resulte divertido. Los niños en edad preescolar e incluso los que son un poco mayores, se benefician con juegos en los que deben recordar y repetir palabras en orden.

  • Los juegos en los que se emplean palabras que riman entre sí ayudan mucho al aprendizaje de la lectura y estimulan el desarrollo auditivo.

  • Algunos juegos ayudan a los niños mayores a recordar palabras en un orden determinado. Los niños que tienen problemas de lectura pueden hallarlos difíciles.

  • Los niños se diferencian mucho entre sí respecto de su tendencia a imitar el habla adulta. Si aparentemente el niño no reacciona favorablemente, estimúlelo ofreciéndole como recompensa comidas que le agraden.

  • Los niños necesitan tiempo para pensar y pronunciar correctamente. No lo haga por ellos.

  • Si su hijo pronuncia mal una palabra, repítala correctamente con suavidad. No espere una articulación correcta de todos los sonidos hasta después de los siete años de edad.

  • Para que el niño preste atención, puede tocarlo o sostener su mentón o su hombro suavemente mientras le habla. Pregunte: "¿Puedes repetirlo?" Quizá deba usted formular la frase de otra manera, simplificándola. Preste atención cuando el niño se "desentiende" de la conversación.

  • Algunos niños tienen una especial dificultad para distinguir la conversación de los ruidos circundantes. Necesitan un entorno silencioso, con ruidos mínimos.

  • Escuche con interés cuando el niño desee decirle algo y trate de no interrumpirlo.

  • Cuando se adjudica demasiada importancia a la perfección, el juego se torna tedioso para el niño. Su ansiedad puede ser perjudicial. Debe tratar de que el aprendizaje del lenguaje no vaya acompañado por sensaciones desagradables.

  • Su reacción entusiasta servirá de estímulo al niño para continuar su aprendizaje. No caiga en la trampa de someter al niño a "ejercicio" lingüísticos; el lenguaje correcto se desarrolla dentro de un contexto de juegos y hechos cotidianos.

Hitos de la comunicación (comprensión, mecánica y reglas)

Dado que entre los niños existen diferencias individuales, las edades que se indican a continuación son aproximadas.

Desde el nacimiento hasta los nueve meses: Llora, ríe, sonríe, trata de alcanzar cosas, hace gestos (da, señala, muestra).

Dos meses: Reacciona ante la voz de su madre.

Los primeros cuatro meses: Puede distinguir sonidos diferentes (uno o dos meses). Emite sonidos semejantes a arrullos.

Seis meses: Balbuceo (es posible que emplee sonidos que no son propios de la lengua materna).

Nueve a dieciocho meses: Primeras sílabas (consonante-vocal: "ma", "ma-má"). Primeras consonantes; por lo general p, m, t y c. Primeras vocales, por lo general, a, e, o. El balbuceo puede continuar después de que el niño aprenda palabras.

Dieciocho a veinticuatro meses: Combina dos o más palabras para formar frases.

Dos años: Puede cooperar en la comunicación; comprende preguntas y sabe responder; aguarda su turno para hablar, puede emplear el lenguaje con distintos fines (para obtener algo, para relatar algo, para relacionarse con los demás).

Tres años: Su lenguaje es inteligible. Responde preguntas con coherencia; puede cambiar rápidamente de tema durante la conversación. Construye oraciones de tres o cuatro palabras. Emplea oraciones con sustantivo y verbo ("ese es perro grande", "quiere bizcocho")

Dos a cuatro años: Emplea inflexiones verbales (corrió, corriendo).

Tres a cuatro años: Emplea verbos auxiliares y formas negativas del verbo ("no lo haré).

Cuatro años: Puede pronunciar y distinguir todas las vocales. Finge hablar con su teléfono de juguete; aguarda la "respuesta".

Cinco años: Puede pronunciar combinación de consonantes (bl, tr, ch).

Siete años: Puede pronunciar y distinguir todas las consonantes.

Ocho años: Emplea formas irregulares.

Diez años: Puede conversar sostenidamente sobre un tema; varía la conversación según quién lo escucha; sabe usar el lenguaje para emplear "indirectas"; comprende las "reglas" sociales que rigen el empleo del lenguaje.

Problemas

Hay ocasiones en que el afinado sistema fonológico falla. El problema que se diagnostica con mayor frecuencia es el de la mala articulación. Si su hijo es muy lento para emitir sonidos corrientes o no habla claramente a los tres años, debería consultar a un médico para descartar cualquier problema de orden físico. Luego debería someter al niño a una evaluación en una buena clínica o con un buen terapeuta particular. Aunque a menudo los problemas de articulación se corrigen espontáneamente, pueden pronosticar otros problemas. La asistencia precoz es importante porque en los primeros años de vida el sistema es aún maleable.

Todos los niños repiten los comerciales de televisión y otros mensajes familiares; es normal cuando van unidos a otros esfuerzos para comunicarse espontáneamente. Hay algunos niños que presentan una disfunción llamada "ecolalia", la cual les impide expresarse con sus propias palabras. Repiten frases hechas en lugar de emplear un lenguaje original y el sonido que emiten es extrañamente inexpresivo pues carecen de las inflexiones de la voz humana normal. Estos niños suelen presentar además diversos síntomas de desarrollo diferenciado y se los identifica fácilmente porque demoran mucho en aprender el lenguaje.

Aproximadamente un diez por ciento de todos los niños (especialmente varones) tartamudean en algún momento de sus primeros años de vida. La mayoría de los casos se soluciona espontáneamente en el término de un año y sólo el uno por ciento de los adultos es tartamudo. Si su hijo comienza a tartamudear, ignórelo durante un tiempo y trate de no crear un clima de tensión, pues el perfeccionismo y la ansiedad empeoran la situación. Si persiste, sométalo a una evaluación profesional. El tartamudeo puede estar originado porque el control del lenguaje está llegando de los dos hemisferios al mismo tiempo, en lugar de provenir de uno solo de ellos.

Es probable que el lenguaje no se localice definitivamente en ninguno de los dos hemisferios hasta los cinco años, especialmente en los niños. Cuando el hemisferio izquierdo asume un rol dominante respecto del lenguaje, el habla se torna más fácil y rápida. Algunos experimentadores están tratando de ayudar al cerebro a adquirir habilidades lingüísticas, para lo cual dirigen grabaciones con música o voces hacia el hemisferio izquierdo o derecho. Es un procedimiento muy discutible. Esté atento a la aparición de nuevos métodos, pero adopte una actitud escéptica ante todo aquello que promete curas espectaculares o que afirma que un tipo de tratamiento puede curar muchos trastornos diferentes. Sobre todo, evite todo sistema de aprendizaje del lenguaje que resulte desagradable para el niño.

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