|
La
personalidad del niño de cuatro años
Esta
serie de artículos que hoy iniciamos sobre la personalidad de los niños de distintas edades está
enfocada en la formación de sus padres, para que sepan qué esperar de cada etapa
y cómo afrontarla en mejor forma. En esta oportunidad tratamos los 4 años, un
período de la infancia en que la docilidad permite estrechar más los lazos y las
nociones de bien y mal.
A esta edad, resulta un amable "fantaseador" (Gesell). Es muy rica su
imaginación: monta con escasos dispendios un hospital, un comercio, un garage,
una cocina, una comida. No es meticuloso ni exigente, en cuanto a los símbolos:
un cubo puede ser sucesivamente una redoma, una cacerola, un martillo, un
guardia...
Es admirable su fanfarronería; a juzgar por lo que dice, él
todo lo ha hecho, todo lo sabe y todo lo va a emprender. Le gusta llamar la
atención hacia lo que hace: "Mira, papá. Mira, mamá. Voy a saltar". Es un gran
charlatán. Realiza ensayos con palabras nuevas que repite y le parecen
divertidas; es voluble e inventa nombres fantásticos para designar objetos
familiares. La frase de los tres años, de mera enunciación, reducida a su
esqueleto, se complica con adverbios. Construye proposiciones de complemento "ya
sabes que", "suponte que...". Da su opinión sobre bastantes cosas. No deja de
tener gracia oír a este retaco de hombre o de mujer formulando su opinión. A los
tres años el niño, para hablar, tenía que dejar de obrar; ahora puede hacer las
dos cosas a la vez. Jamás ha sido tan grande la serie de preguntas: una
verdadera avalancha de "porqués" y de "cómos". Algunas nociones se van
precisando. Sabe que el sábado sucede al viernes.
Mamá y papá son la autoridad suprema. Lo que sus padres
dicen es el Evangelio. La autoridad de éstos se apoya frente a otros: "Mamá lo
ha dicho". Mucho más preocupado con imitar que con llevar la contra, su ciencia
es más fácil. Reproduce con mucha exactitud los gestos y las actitudes que
observa en los mayores. Remeda a papá al teléfono, imitando hasta resultar
cómico las inflexiones de aquél. ¡Qué delicia para las personas mayores
observarlo y estudiarlo! En el aspecto moral, el niño de cuatro años es
obediente y de fácil docilidad: con frecuencia pide permisos: "Mamá, me
dejas...?" Puede indicársele las campanas de la iglesia o las sirenas de la
fábrica como señal de algo que haya de hacer: regresar, comer, irse a dormir,
etc.: fácilmente admite estas órdenes. Su sociabilidad ha aumentado, pero sigue
siendo limitada. Compara sus cosas con las de otros: "Mi pelota es más grande
que la tuya". Atisba la utilidad del dinero; sabe que con una moneda puede
comprar caramelos; en algunos casos llega a inventar un juego de venta con uno
mayor para recibir una monedita. Le agrada el trueque: en la costa, uno de los
mejores juegos de esta edad y de edades posteriores es el intercambio. Regatea:
"¿Cuántos caracoles por esta flor amarilla?".
Empieza a despertar su interés filosófico y religioso: lanza
preguntas sobre la muerte, pero comprende poco lo que esto significa. Se
preocupa pro el origen de las cosas: "¿Quién ha hecho la luna, el sol?". Antes,
sólo las imágenes de animales le cautivaban; ahora, sigue con atención la vida
de Cristo en imágenes, escucha las explicaciones y hace preguntas.
|
¿Tiene
conflictos o dudas respecto a sus hijos?
Si desea
oraciones
por
esta causa
ingrese
aquí, y en caso
de querer mantener
correspondencia con nosotros
para
comentar algo o recibir consejo
sobre su caso, nos agradaría recibir su carta.
Haga
click aquí para escribirnos. |
Regresar a portada
»
|