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Dos
padres, una sola voz
Imaginemos
por un momento la siguiente escena: un padre niega a su hija la salida a una
fiesta. Ella entonces va a preguntarle a su madre, describiendo la fiesta de la
forma en que cree que su mamá lo aceptará. Su madre entonces la aprueba y la
niña corre de vuelta junto a su padre proclamando la decisión de su madre. El
padre siente desagrado, pero cede.
La pequeña sabe que sus padres piensan de forma diferente respecto a las cosas,
y usa ese conocimiento para manipularlos, enfrentándolos para conseguir lo que
desea.
Otra escena: Un niño de cinco años está tirando arena a otros niños en el
parque. Después de repetidas advertencias de que se irán a casa si no obedece,
la madre se alista para partir. El papá piensa que sacarlo así es muy brusco, y
no pudiendo soportar los gritos del niño, se ablanda y quiere consentirlo,
mientras que la mamá quiere mantener lo que dijo antes.
Cualquiera sea la materia, un frente unificado es esencial para los padres.
Tenemos que hablar a nuestros hijos con una voz, que significa acuerdo en el
método que usamos para criarlos.
Los hijos no pueden prosperar en un ambiente desarmónico. Necesitan la seguridad
de estar con padres que en lo relativo a su crianza piensan y actúan en forma
similar.
Mantengan sus desacuerdos en privado
¿Qué podemos hacer en la práctica? Los padres pueden intentar acordar sobre los
métodos disciplinarios usados y no discutir sobre ellos enfrente de los niños.
Pero si no están de acuerdo, deben hablar sus diferencias en privado, para que
puedan presentar un frente unificado ante sus hijos. De otra forma, los niños
aprenderán a jugar con ellos, enfrentándolos, dirigiéndose hacia el padre mas
clemente y evitando al otro.
Los niños tienen que aprender que cuando un padre toma una decisión, no pueden
ir al otro esperando una respuesta distinta. En el primer ejemplo, lo lógico
sería que cuando la niña pide a su madre ir a la fiesta después de que el padre
dijo que no, si la mamá escuchó que su padre se lo ha negado, apoye a su marido
en su opinión y diga a su hija que no puede pedirle una respuesta distinta
cuando ya ha recibido una respuesta.
Sin embargo, la mejor forma de todas de resolver algo como esto, sería que la
decisión la hubiesen tomado en conjunto, presentando una sola voz al momento de
declarar la decisión: se va o no se va a la fiesta.
Cuando discutimos frente a nuestros hijos, minamos nuestra autoridad. Los niños
ven nuestras dudas y diferencias, nuestra posición se debilita y transmitimos
también inseguridad a nuestros hijos.
Algunos padres creen que es positivo que los niños vean que no están de acuerdo
y escuchen como logran un acuerdo sobre una materia. Piensan que esto les enseña
el arte de la resolución de conflictos. Aunque puede ser verdad que los padres
podrían enseñar esta capacidad, no es sabio hacerlo con discusiones sobre la
forma de tratar y actuar con los niños.
Discutir frente a los niños es peor que simplemente no estar de acuerdo. Las
discusiones causan ansiedad en nuestros hijos y disminuyen su respeto por
nosotros. Es mas, si los padres discuten entre sí, ¿qué detendrá a los niños a
hacer lo mismo entre sí y con los mayores? No debemos enseñarles que la
discusión es una forma deseable de comunicación.
La situación ideal es llevar los desacuerdos a un lugar privado, como la
habitación, y no salir hasta que se presente un frente común. Incluso si llegan
a una conclusión con la que uno de los dos no está contento, no deben dejárselo
saber a los niños. Jamás deben decir aparte a su hijo/a, por ejemplo: "Yo estaba
de tu lado, pero él/ella ganó".
Pongamos el beneficio de los niños en primer lugar. Cuando estamos en
desacuerdo, debemos preguntarnos: "¿Qué es mejor para el niño?". No permitamos
que nuestros egos se interpongan o se convierta en una lucha de voluntades. No
se trata de ganar y perder. Se trata de hacer lo correcto. Cuando se trata de
decisiones que no son tan importantes, es muy recomendable que uno de los padres
ceda para alcanzar nuevamente la armonía del hogar.
Dar razones por las decisiones
No de demasiadas razones ni permita que su hijo discuta sobre su decisión.
¿Tenemos entonces que dar razones a nuestros hijos por nuestras decisiones?
Debemos darlas para que los niños no piensen que nuestras demandas y
restricciones son el resultado de nuestra obstinación, pero tampoco hemos de
cometer el error de dar demasiadas razones, o permitir que los niños discutan
nuestra decisión. Una razón debe ser suficiente. Si el niño va a comenzar a
discutir, céntrese en su decisión. Aquí hay un ejemplo:
El papá se rehúsa a dejar salir a su hija con una ropa que considera demasiado
provocadora. La madre no cree que sea tan así, pero decide apoyar a su esposo.
La hija prueba entonces con involucrar a su madre en la discusión sobre el tema:
Hija: Mamá, ¿por qué no puedo vestirme así?
Madre: Tu padre siente que es demasiado revelador, y yo estoy de acuerdo. Nos
gustaría que uses algo que no llame tanto la atención hacia tu cuerpo. Esto
podría traerte problemas.
Hija: Pero mamá, no es tan malo.
Madre: Lo siento, querida.
Hija: Todas las chicas se visten así. Nadie piensa nada malo de ellas. Es la
moda...
Madre: Entiendo, pero ya tomamos una decisión.
Hija: ¿En qué clase de problemas crees que me voy a meter? ¿No confías en mi?
Madre: Ya tomamos una decisión, querida. Por favor, ve a cambiarte.
En este intercambio, la madre dio una razón y luego paró. No se dejo llevar
hacia una discusión. La hija trató de hacerla cambiar de idea, pero la madre
tuvo éxito en mantener su punto, repitiendo que ya se había tomado la decisión.
Damos a nuestros hijos una razón por nuestra decisión para mostrarles que somos
razonables y que su bien es nuestra prioridad. El chico no debe, sin embargo,
sentir que si puede encontrar alguna "falla" en nuestra razón, puede ponerse a
discutirla. No tiene que gustarle la razón necesariamente para que deba obedecer
lo decidido.
Anticiparse al futuro
Para terminar, diremos que es mejor que los padres desarrollen un plan juntos de
cómo afrontar las situaciones difíciles, para no ser sorprendidos con la guardia
baja. Cuando usted sabe que algo ocurrirá que debe discutir con su cónyuge,
hágalo ahora para que puedan tener un frente unido cuando llegue el momento.
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