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Urbanidad en el ascensor
En
el ascensor, las buenas o malas maneras quedan muy en evidencia. Para que seamos
cada vez mejores, incluso con los detalles, le presentamos algunos puntos a
considerar, que le dejarán bien parado en todas las situaciones.
Si las
puertas se abren automáticamente ante un grupo de personas que espera subir o
bajar, los hombres ceden el paso a las mujeres. Entre éstas, la de más edad o
aspecto más venerable, ingresa última. Esto que parece extraño se debe a que el
que ingresa última, será el primero en descender cuando llegue al piso
correspondiente.
Si el
ascensor no es automático y hay que abrir las puertas, lo hace el hombre y deja
pasar a las mujeres. Si sólo hay hombres, esta labor la desempeña el más joven.
Si
algún caballero lleva sombrero, debe quitárselo dentro del ascensor.
La
primera persona que entra ocupa un ángulo y cuando hay afluencia se van
distribuyendo los pasajeros junto a las paredes.
En caso
de que sólo vayan dos personas, el recién llegado debe guardar cierta distancia
con quien ya estaba allí, porque la excesiva cercanía se percibirá como una
irritante o perturbadora invasión territorial. Al segundo pasajero le
corresponde, por lo tanto, ocupar el ángulo opuesto.
Si su
lugar queda cerca de la botonera, será un buen gesto marcar el número de los
recién llegados, sobre todo si no alcanzan a hacerlo ellos mismos.
Al
llegar al piso deseado, se abren las puertas y salen primero los que subieron
últimos.
Durante
el breve trayecto en el ascensor se habla en voz baja por consideración a los
demás, no se fuma, no se tose o estornuda - y en caso de imperiosa necesidad, se
usará un pañuelo y excusará el incidente -, no se critica dando nombres ni se
empuja a nadie para salir. Si hay alguien obstruyendo el camino, se pide permiso
para pasar y se agradece a aquellos que han salido del ascensor para dejar la
vía libre.
Si hay
ascensorista, se agradece con una ligera venia.
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