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Ofreciendo un cóctel

Por Alejandro Brummell

La cortesía es el aderezo mínimo con que podemos dar sabor a la vida. Ni el peor rufián negaría el placer que le produce sentirse bien tratado. Ni menos el saberse recordado – y recomendado – por sujeto agradable y… de buen trato.

A través de esta columna trataremos todos los aspectos que rigen la vida humana medianamente educada. A veces descenderemos – con la delicadeza y la claridad necesaria - a los temas más prosaicos, tanto como nos elevaremos a los aspectos más elevados de la vida en sociedad y los factores de éxito en ella.

La etiqueta no está reservada a diplomáticos y personajes de vida pública. Los mismos principios rigen la vida doméstica, mejorándola y transmutándola en agradable y placentera de ser vivida. El ama de casa, el estudiante, el trabajador, ejecutivo, miembro del clero, ejército, académico o el simple hombre de a pie, verá cómo al punto se convierte en objeto de simpatías y preferencias, facilitando sus ascensos y aumentando progresivamente su vida social. El buen trato convierte a su cultor en un irresistible invitado y la más deliciosa compañía. Le asegura el triunfo en el amor, trabajo y la amistad… al no pequeño precio de cultivarse a si mismo. El premio es demasiado tentador como para resistirse al esfuerzo.

Y para los católicos, la luz no puede ser más clara: no se trata sino del ejercicio práctico de la perfección cristiana. Obrado por el mayor y principal mandamiento: “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo”. Las buenas maneras no son sino, digámoslo de una vez, la más ardiente y pura caridad.

Hecha esta consideración para los recelosos a un tema tan desprestigiado por la moda, pasaremos a uno de los puntos de más frecuencia de consulta: los cócteles.

El lector medio asistirá en su vida – como mínimo – a cinco veces más cócteles que a ceremonias religiosas o formales. Se trata, a veces,  de una asistencia forzada y en otras, de la más gustosa concurrencia.

Pero los cócteles, como cualquier acto de vida de sociedad, donde participamos en presencia del prójimo, tienen sus reglas de urbanidad. Seguirlas le garantizará el éxito, tanto si es usted quien lo ofrece, como si es un invitado al evento.

Como fenómeno social, el cóctel es un concepto moderno. La palabra “cocktail” nace a principios del siglo XX, hacia la década del 30, para referirse a un tipo de bebida. Hoy en día, además de esas sorprendentes mezclas de bebidas, entendemos por cóctel una reunión a la que se invita - por término general – hacia una hora antes de la hora de comida local, y que se prolongará, como máximo, por dos o tres horas.

Los tiempos modernos y las necesidades sociales introdujeron, además, un tipo de cóctel, más institucional y de negocios, que se celebra a mediodía.

En lo personal no recomiendo esta modalidad, por los inconvenientes de su organización y la garantía de la asistencia de personalidades. Además se debe considerar la molesta cuestión de regresar al trabajo u ocupaciones portando aromas etílicos y gastronómicos altamente invasivos, sin contar con que jamás reemplazará un almuerzo, así es que, o nos resignamos a surtir viandas hasta saciar el apetito del almuerzo o a reducir a un simple picoteo que llenará un breve espacio entre el trabajo y el almuerzo “en forma”. Esto, sin contar con la presencia en el espíritu del resto de la  jornada. Como contraste, el que se enlaza con el relajo del atardecer y del fin de la jornada de trabajos, une en sí el espíritu aliviado con la emoción refrescante de una invitación social.

Para un cóctel invitaremos entre 6 y 300 personas. Con menos invitados, hablaremos de un encuentro íntimo y para más, de un evento popular.

A la sola palabra, sabremos que se tratará de un surtido de tragos y bebidas analcohólicas. De día, degustaremos hors d’oeuvres y si es de tarde, se incluirán bocados dulces como pequeños pasteles o un surtido de porciones de tortas.

La gran ventaja de un cóctel está en el desplazamiento. Nos permite saludar y conversar con personas distintas, rotando los contertulios a voluntad. Para resguardar esta ventaja, es importante recordar dos reglas de oro: que nuestra carta de invitados sea heterogénea y que el ambiente físico favorezca el desplazamiento.

La heterogeneidad no impide la diferencia de edad ni el equilibrio entre varones y damas. Aún más: podemos alternar distintas ocupaciones, gustos y grados de cercanía y conocimiento de los anfitriones. Bien cuidado, en un cóctel siempre habrá alguien para charlar con otro invitado.

En algún momento esta columna tratará las características del invitado ideal, pero adelantemos que, en lo posible, no hemos de invitar personas con tendencia al escándalo, al protagonismo estridente, a la pendencia, a la seducción o a la embriaguez. Si alguien destaca, que sea por su simpatía y gracia.

El espacio físico debe planificarse cuidadosamente. Para garantizar la comodidad y movilidad, calcularemos un mínimo de 90 centímetros cuadrados por invitado. Se debe considerar el desplazamiento de personas mayores, de mujeres con tacos agudos, de hombres con traje de vestir y de climas no compasivos con nuestras buenas intenciones.

Continuando con la organización, si se trata de una reunión pequeña, las invitaciones se harán telefónicamente, sin excepciones. Es un cuidado de trato personal mínimo y, de paso, nos aseguraremos en el momento de saber cuántos invitados estarán con nosotros ese día. En lo personal, de cada diez confirmaciones, suelo atribuir una o dos deserciones de última hora.

Cuando enviemos invitaciones impresas, se apuntará por escrito la hora de llegada y de cierre de la velada. Es una descortesía no respetar la delicadeza de esta indicación. Tanto para una reunión social como si se trata – especialmente – de una de negocios, es una total falta de urbanidad prolongar nuestra presencia más allá de hora de cierre de la velada. Lo mismo corre, a la inversa, a los madrugadores de cócteles.

A petición de los editores, recomendaré dos modelos de invitaciones formales, a los que puede apostar con seguridad para lucirse por la pulcritud del encuentro que organiza:


Demócrito Buenamigo, Director General de la Compañía Éxitos Sociales, tiene el agrado de invitar a:

 

Don Paulino Buengusto y Señora

 

a un cóctel con motivo del aniversario de la compañía, el 31 de febrero a las 19:00 horas.

 

 

Avenida Mártires de la Moda 0123

S.R.C.
987 6543

 


Con motivo de la inauguración de las nuevas dependencias de la Nueva Galería de Arte Contemporáneo, dependiente de la Fundación Fundamentos Nacionales,

 

El Director de Cultura y la señora Blacksmith Mayer tienen el agrado de invitar a:

 

Don Paulino Buengusto y Señora

 

a un cóctel el día el 31 de febrero a las 12:30 horas.

 

 

Avenida Mártires de la Moda 0123

S.R.C.
987 6543

 


Con motivo de la inauguración de las nuevas dependencias de la Nueva Galería de Arte Contemporáneo, dependiente de la Fundación Fundamentos Nacionales

El Director de Cultura y la señora Blacksmith Mayer tienen el agrado de invitar a   Don Paulino Buengusto y Señora   a un cóctel el día el 31 de febrero a las 12:30 horas.

Avenida Mártires de la Moda 0123

S.R.C.
987 6543

Cursadas las invitaciones y estimado el número de asistentes inesperados, se contratarán los servicios de una banquetera/o para hacerse cargo de comidas y bebidas, servicio y personal. O bien, contrataremos por cuenta propia los mozos, cocineros y personal de limpieza, así como las viandas y líquidos respectivos. Es importante especificar con claridad el tipo y color de atuendo que los mozos deberán portar el día del evento. Por lo general se hace uso de chaqueta blanca y corbata negra, o su contrario cromático, pero hoy en día existen muchas otras alternativas. Consideremos un mozo cada 20 personas, si cuenta con la cooperación solícita de los anfitriones.

A continuación revisaremos un aspecto de la organización que no debemos dejar de lado. En promedio, cada invitado consumirá entre 1 y 2 copas por hora. La tendencia moderna lleva a consumir menos bebidas con alcohol, y más vino blanco que cócteles. Durante esa misma hora, los asistentes consumirán – en promedio – unos cuatro bocados.

Cincuenta personas consumen 8 litros de bebidas alcohólicas fuertes (whisky, gin, vodka, etc.), 10 de vino blanco, 4 de vino tinto, 10 litros de aguas de mezclar (mineral, tónica, ginger ale), 8 litros de bebidas gaseosas y 4 de zumos de fruta. Multiplique o divida según el tamaño del evento que piensa regalar.

Cuidando estos detalles, todos se retirarán impresionados con haber asistido a una velada encantadora y usted habrá quedado inscrito en la honrosa lista de “anfitriones de lujo a los que jamás rechazaremos una invitación”, por muy sencilla que haya sido la velada.

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