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Cómo y cuando dar
propinas
La propina no
es ni una limosna ni una exhibición pública de nuestra prosperidad. Es una forma
de agradecimiento a quien nos ha prestado un buen servicio. La propina es - y
debe ser - un acto privado. El resto de los presentes no debe notar el momento
de la propina.
Incluso cuando la situación nos resulte penosa o vergonzosa para quien la
recibe, una cálida sonrisa y nuestra digresión cambiará el momento a nuestro
favor. Así como una mala atención no merece propina, una buena atención debe ser
agradecida. El agradecimiento continuo y demostrado es una de las señales más
claras de un espíritu fino y elegante.
La propina al singular personaje que ayuda en el estacionamiento debe ser dada
en medio de maniobras de conducción, por lo que se recomienda tener a mano
dinero en cantidades fraccionadas, en montos proporcionales al servicio.
Salvo excepciones locales, al taxista se le entrega el 10% del monto de la
carrera. En Chile y Argentina no se entrega propina a los taxistas, si bien es
costumbre ofrecer el dinero de vuelto si se disfrutó de un buen viaje. La misma
proporción (10-15%) se ofrece al camarero de un restaurante o café. La personal
de mayor categoría de un servicio de comidas (maitre, somelier, capitán de
camareros, etc.), se les entrega una propina de agradecimiento proporcional al
rango, pero no al monto del consumo.
Se entrega propina al cartero y portadores telegramas o flores, al mayordomo del
edificio cuando nos presta un servicio particular (plomería, electricidad,
cuidados, etc.), a los portamaletas, al acomodador de asientos en un teatro o
cine, a los ayudantes en deportes que requieren auxiliar (golf, tenis, etc.).
Aunque muchos establecimientos incluyen servicios de auxilio al usuario, se
entrega propina cada vez que se nos brinda ayuda en horarios molestos (muy
temprano, muy tarde, gran esfuerzo físico, gran diligencia e ayudar o
conseguirnos algún servicio, etc).
No se entrega propina al propietario de algún establecimiento (hotel,
restaurante, taberna, club de deportes, salón de belleza, etc.) por gran
atención que haya puesto en nuestra satisfacción y comodidad. Tampoco se da
propina a la tripulación de aviones o trenes ni al personal de policía.
Todo el resto de oportunidades deberá medirse según la cultura popular y
proporción del servicio, recordando siempre que nuestra educación se revela por
el agradecimiento.
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