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Lo que se debe saber de los
colirios
Los
colirios son distintos tipos de medicamentos disueltos en agua que actúan
localmente sobre los ojos. Suelen utilizarse sobre todo para tratar
conjuntivitis, pero también resultan muy eficaces para combatir otras patologías
del globo ocular, tales como queratitis (grave inflamación de la cornea),
uveítis e iritis (inflamaciones en el interior del globo ocular), glaucoma
(elevación de la presión de los líquidos existentes dentro del ojo, causa
frecuente de ceguera) y diversas enfermedades que se asientan sobre las
estructuras vecinas, como inflamaciones de los párpados, orzuelos, lesiones de
las vías lagrimales, etc.
En función del compuesto activo que contengan
los colirios y del uso que se les dé, pueden clasificarse en:
Antisépticos y antibióticos: Contienen sulfamidas, cloramfenicol,
gentamicina, tetraciclinas... Sirven para tratar conjuntivitis, queratitis,
orzuelos y afecciones de los párpados.
Sedantes y
anestésicos: Con tetracaina, benoxinato y otros anestésicos locales.
Resultan especialmente útiles en patologías dolorosas y en malestar del ojo
(traumatismos, conjuntivitis...). Pueden llevar asociados otros productos, como
antibióticos.
Antiinflamatorios y antialérgicos: Contienen habitualmente corticoides; son
muy eficaces en conjuntivitis crónicas y alérgicas, además de en otros procesos
en los que predomina una inflamación.
Midriáticos: Destacan la fenilefrina y el sulfato de atropina. Dilatan la
pupila para facilitar ciertas exploraciones oculares.
Mióticos:
Contraen la pupila. Entre ellos cabe citar la pilocarpina, uno de los
medicamentos mas comúnmente empleados contra el glaucoma.
Lubricantes
y sustitutos de las lágrimas: Son de gran utilidad en personas con problemas
de sequedad ocular, y en sujetos con lentes de contacto. Aunque los colirios son
una modalidad de medicación local, y por lo tanto tienen escasa repercusión en
el resto del organismo, su utilización debe ser indicada y supervisada siempre
por un médico, para evitar posibles efectos secundarios tanto en los ojos como
en el estado general del paciente.
¿Cómo
aplicar un colirio?
- El paciente
debe lavarse las manos antes y después de aplicárselo, para evitar posibles
contagios.
- Quien lo
recibe ha de estar sentado, con la cabeza apoyada y echada hacia atrás.
- El encargado
de administrarlo debe estar de pie frente a él.
- Tirar hacia
abajo el párpado inferior.
- Ordenar
entonces al paciente que mire hacia arriba.
- Dejar caer
el numero de gotas establecido entre el globo ocular y el párpado.
- Evitar que
la punta del frasco o cuentagotas toque el ojo, pues en ese caso podrían pasar
gérmenes al recipiente del colirio, además de la posibilidad de lesionar
involuntariamente el globo ocular.
Durante su
uso
- Guardar el
frasco que contiene el producto bien cerrado y en posición vertical.
- Mantener el
colirio en un lugar fresco y oscuro.
- Si se
observa que el líquido, normalmente transparente, toma alguna coloración o forma
depósitos, hay que abstenerse de usarlo, porque podría resultar peligroso.
- Agitar el
bote antes de ser utilizado.
- No usar
nunca los colirios en más de una persona.
- Por tratarse
de una medicación local no existe riesgo de interacción con otros fármacos,
alimentos o bebidas.
- Respetar
rigurosamente los intervalos entre las dosis al emplear colirios antibióticos;
con ello se evita la posible resistencia de los gérmenes que merman su eficacia.
- El escozor
intenso y momentáneo tras la aplicación de ciertos colirios en el ojo no debe
extrañar al paciente. Sin embargo, si perdura o empeora la sintomatología se
debe consultar a un médico.
Efectos
secundarios
- No usar los
colirios con corticoides durante periodos prolongados, porque facilitan la
aparición de infecciones, cataratas y glaucoma.
- También
conviene evitar los tratamientos largos con antibióticos que predisponen a
padecer sobreinfecciones por hongos, y con anestésicos-sedantes, que acarrean
problemas oculares por disminución de la cantidad de lágrimas.
- El empleo de
colirios con atropina puede plantear problemas, ya que parte de la misma puede
ser absorbida sobre todo en los niños, provocando inquietud, enrojecimiento de
la cara, sequedad en la boca, falta de sudoración, palpitaciones...
- Los colirios
con epinefrina ocasionan a veces dolor de cabeza, palpitaciones, palidez,
temblores y sudoración, por lo que deben ser empleados con precaución en
personas con problemas de hipertensión o cardíacos.
- Tras la
aplicación de colirios midriáticos sobrevienen a menudo una visión
borrosa, en especial para leer letra impresa, y fácil deslumbramiento.
- Los
midriáticos pueden desencadenar una grave crisis de glaucoma (dolor súbito e
intenso en el ojo, náuseas y vómitos, mala visión...), sobre todo en ancianos.
- No utilizar
nunca colirios con corticoides cuando se sospecha que se padece una infección,
salvo si se asocian a antibióticos. Quedan igualmente prohibidos en presencia de
herpes.
- Evitar el
uso de sedantes y anestésicos en la córnea, ya que retrasan la cicatrización de
las úlceras allí localizadas.
- No
administrar jamás colirio a sujetos con alergia a cualquiera de sus componentes,
especialmente los antibióticos, ya que podrían generar respuestas muy graves.
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