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Cómo prevenir los 'ataques
al hígado'
Quien
ha sufrido alguna vez un cólico hepático - erróneamente conocido como ataque al
hígado - no querrá volver a vivir la experiencia. Seguramente le interesará
formar parte del grupo de quienes saben medirse en las comidas sin necesidad de
renunciar al placer de la buena mesa. Es sólo una cuestión de elegir entre los
alimentos que hacen bien y los que no. Mientras tanto sigue existiendo un vasto
grupo de personas que se enorgullecen de poseer un hígado de acero y lo hacen
objeto, sin ningún remordimiento, de sistemáticos y silenciosos ataques. ¿Las
armas? Bombas de crema, explosivos cócteles, salsas incendiarias y otras más
sofisticadas. ¡Pero cuidado!, si no se decide pronto a declarar el cese de
fuego, las consecuencias tarde o temprano se harán notar.
El hígado no patea
El hígado es un órgano muy noble y discreto, capaz de soportar y metabolizar
cualquier tipo de alimento por muy pesado que sea. Es que justamente en ello
consiste su función principal. Hacer una prolija y minuciosa tarea de filtrado
de las sustancias que entran al organismo, convertirlas en nutrientes y de allí
distribuirlas al lugar correspondiente para ser procesadas. Pero él no trabaja
solo: lo hace en combinación con una vecina: la vesícula biliar.
Como veremos, ésta es la responsable de denunciar los temidos ataques que
solemos llamar 'patada al hígado'. En cierto sentido, entonces, todos podemos
considerarnos los afortunados poseedores de un hígado de acero. Lo que muchas
personas interpretan como patada al hígado, sobre todo si aparece después de una
comida copiosa es, en términos médicos precisos, una disfunción de la vía
biliar, sobre todo de la vesícula biliar. Ese dolor agudo, localizado en el lado
derecho, que los obliga a doblarse en dos, es la manifestación de un cólico
hepático. Pero, aclarémoslo una vez más, este término se refiere a un problema
en el sistema biliar, que incluye la vesícula biliar y no al hígado en sí. De
manera tal que lo que habitualmente
interpretamos como ataque al hígado es en realidad una agresión a su delicada
compañera de trabajo: la vesícula.
Ahora bien, ya sabemos que el hígado, el responsable de que nos detengamos a
pensarlo dos veces antes de sucumbir a la tentación de abalanzarnos sobre un
plato de papas fritas con huevo frito, no es el verdadero culpable. Pero esta
verdad no alcanza para que el que haya sido objeto de uno de estos infortunados
incidentes tenga que creer ingenuamente que esa sensación de ser atravesado por
una lanza caliente durante el último ataque haya sido una ilusión. Es que se
llame como se llame y sea quien fuese el responsable, lo cierto es que el dolor
existió y puede volver a producirse en cualquier momento. Entonces lo más
acertado al parecer será estar preparado, ¿verdad? Para hacerlo, necesitaremos
saber un poco más:
La onda expansiva
Aunque lo clásico es que el dolor biliar esté localizado en el lado derecho, en
diferentes circunstancias puede tener distinta propagación o irradiarse a otros
lugares cercanos.
- Estómago: A veces puede iniciarse en el epigastrio, es decir, la zona que
normalmente se conoce como la boca del estómago.
- Páncreas: Si se siente del lado izquierdo da lugar a pensar que se está en
presencia de una pancreatitits.
- Intestino: Cuando por algún motivo alimentario se ha acumulado mucho gas en el
intestino - la parte derecha del intestino grueso pasa cerca de la vesícula -
puede en ciertas ocasiones simular un dolor vesicular.
- Riñón: El dolor a veces puede irradiarse hacia abajo y hacia atrás, a la
espalda,
confundiéndose con un problema renal.
- Dolor mixto: Cuando hay cálculos en la vesícula biliar y además, efectivamente
se acompaña de problemas digestivos.
Imprescindible ubicar la zona amenazada
Para distinguir claramente cuál es el origen del dolor, el médico necesita
establecer el
diagnóstico diferencial entre el dolor de riñón, si esto es un dolor de
páncreas, un dolor de estómago, de intestino o de la vesícula propiamente dicha.
Para ello, cuenta con las siguientes herramientas:
- Las preguntas:
¿El dolor apareció después de comer abundamentemente o de comidas muy grasas?
Contestar afirmativamente hará sospechar al médico que se trata de un dolor de
origen vesicular y que el paciente probablemente tenga cálculos vesiculares como
causa de su afección. Aunque todavía no queda descartada la posibilidad de un
problema en el páncreas, un órgano que tampoco resiste bien las comidas muy
cargadas.
¿Ha aumentado de peso recientemente, o por el contrario ha adelgazado mucho?
Tanto la obesidad como el adelgazamiento brusco facilitan la formación de
cálculos.
¿Ha tenido muchos embarazos?
En las mujeres que ya tienen tendencia, el embarazo favorece la formación de
cálculos.
¿Tuvo antes o durante el ataque acidez o ardor de estómago?
Este síntoma llevará a pensar que se trata de una patología estomacal y no
vesicular.
¿El dolor se alivió después de eliminar gases?
Si hubo gases, que al ser eliminados cortaron el dolor, probablemente haya una
patología de colon, es decir, de intestino grueso.
- La palpación:
El hecho de que el dolor se propague hacia otras zonas vecinas puede confundir
el diagnóstico. Pero al palpar el abdomen - presiones con la palma de la mano en
diferentes puntos - el profesional puede distinguir si el dolor corresponde a la
vesícula o si realmente está en otro sector del abdomen.
- Los exámenes complementarios:
Se suele pedir un análisis de sangre completo y una ecografía. Este estudio va a
mostrar el hígado y la vesícula. Se verá si ésta contiene cálculos, si tiene las
paredes engrosadas, signo inequívoco de inflamación. Si incluso no hubiese
cálculos pero sí se observase un líquido de densidad aumentada que se llama
barro biliar, no quedarán dudas de que la enfermedad está localizada a nivel de
la vesícula biliar.
A veces se pide también un hepatograma, un análisis de sangre más específico que
sirve para orientar el diagnóstico. Si bien no es necesario para la enfermedad
vesicular en sí, sirve de mucho cuando se sospecha que el cálculo ha migrado o
ha pasado al colédoco, el conducto que lleva la bilis al intestino. Si lo
obstruye, los análisis que componen el hepatograma van a mostrar un aumento de
diferentes componentes de la bilis en sangre que no se pueden eliminar. Va a
evidenciar además el aumento de algunas enzimas, como la fosfatasa alcalina, que
denuncia la migración del cálculo.
El tratado de paz
Según la importancia del caso, el especialista le recomendará una medicación
adecuada a fin de controlar el proceso y evitar o detener la formación de
cálculos. Pero aun así la vesícula y, a largo plazo el hígado, no dejarán de
estar amenazados hasta que el afectado no tome la estratégica decisión de firmar
el armisticio. Esto significa que en los días subsiguientes deberá tomar la
prudente actitud de evitar ciertos alimentos inconvenientes, a cambio de lograr
la paz. Estos son los puntos fundamentales del acuerdo de paz, es decir de la
dieta desintoxicante:
1. En primer lugar hay que mantener un día de ayuno.
2. Después hay que comenzar con comidas livianas:
- Lácteos, siempre con la leche diluida, no con leche pura,
- Pollo hervido sin piel,
- Verduras hervidas (no las de hoja),
- Puré de papas
- Puré de zapallo
- Arroz hervido
3. Es fundamental suprimir el alcohol. Sobre todo en el caso específico de
hepatitis tóxica o de otro origen. Un litro a un litro y cuarto de vino por día
tomado durante un tiempo prolongado, es la cantidad que podría causar enfermedad
hepática, aunque varía de persona a persona. Recordemos que la mujer es mucho
más sensible al alcohol que el hombre, es decir que con ingerir prácticamente la
mitad de esa cantidad ya tiene probabilidades de desencadenar una enfermedad
hepática.
4. Deben evitarse los picantes y las comidas con sansa muy elaboradas.
5. Olvidarse por un buen tiempo de las grasas animales y las frituras. Estas
podrían provocar la contracción de la vesícula, aumentando el cólico - dolor -
y, si hay cálculos, empujarlos hacia el colédoco.
6. En dos días se recuperará, pero lo más aconsejable es extender los cuidados
durante una semana. Si a pesar de todos estos cuidados la inflamación de la
vesícula no se reduce será necesario hacer una intervención quirúrgica para
extirparla.
Las amenazas
Como dijimos, las comidas pesadas no son un arma letal sólo para el hígado. Su
mira está enfocada en otros objetivos: en el aparato digestivo - pudiendo causar
dispepsia, es decir digestión lenta y pesada - o bien en la vesícula, llegando a
provocar espasmos dolorosos o las temidas concreciones llamadas cálculos.
Pero su amenaza no se agota ahí: también pueden, a largo plazo, llegar a
causarnos otros problemas. Si el cálculo llegase a migrar al conducto biliar
llamado colédoco, por donde sale la bilis al intestino, podría bloquear la
salida de la bilis. Cuando sucede esto, el colédoco deja de ser permeable y la
bilis en sangre aumenta causando la ictericia, que se reconoce por el color
amarillo de la piel y las mucosas. La ictericia también plantea al profesional
la necesidad de establecer toda una serie de diagnósticos diferenciales para
estar seguro del tratamiento a seguir.
Los verdaderos enemigos del hígado
El hígado propiamente dicho puede sufrir:
- Afecciones de tipo viral - ocasionadas por virus -, como el de las hepatitis A
- la más
común -, B - de transmisión sexual y sanguínea - y C - de transmisión sanguínea
-. Estos dos últimos suelen ser causas importantes de hepatitis agudas, que si
se hacen crónicas pueden llevar a la cirrosis. Por eso si se tuvo este tipo de
enfermedad es necesario controlarse periódicamente.
- Las consecuencias de algunos trastornos del metabolismo como por ejemplo
hipertiroidismo, hipotiroidismo, diabetes. A este grupo pertenecen dos
afecciones muy específicas:
. La enfermedad de Wilson, que es una dificultad para metabolizar el cobre
comprometiendo al hígado y al sistema nervioso.
. La Hemacromatosis, un problema del metabolismo del hierro que ocasiona un
depósito exagerado de este mineral en el hígado y el páncreas.
- Enfermedades causadas por tóxicos como el alcohol o ciertos medicamentos. Hay
algunas diferencias:
. El alcoholismo crónico - es decir una ingesta diaria muy importante de alcohol
en cualquiera de sus formas, vino, cerveza, etcétera - es un enemigo arrasador
del hígado, porque conduce a la cirrosis hepática.
. El hígado también puede resentirse por el uso de medicamentos y drogas. En
muchos casos las dosis exageradas llevan a la lesión del hígado. Pero también
hay casos contados de personas que pueden llegar a tener una especie de alergia
a ciertos medicamentos. Esta alergia a determinadas sustancias puede provocar
hepatitis por hipersensibilidad. Es lo que alertan los prospectos cuando, en el
rubro contraindicaciones dice: hipersensibilidad a cualquiera de sus
componentes.
. También pueden provocar una reacción hepática los anticonceptivos orales y las
medicaciones hormonales en general, femeninas o masculinas.
Un hígado a prueba de ataques
El hígado es un órgano vital porque todos los procesos metabólicos, como la
formación de colesterol, la síntesis de una serie de sustancias vitales, la
formación de la glucosa indispensable para la vida, ocurren allí. Para cuidarlo
también es necesario controlar los hábitos que regulan el proceso digestivo.
- Conviene hacer comidas regularmente y de poco volumen cada vez. De este modo
se regulariza el funcionamiento de todo el aparato digestivo y se facilita la
digeribilidad de los alimentos.
- El desayuno debe ser una de las comidas más fuertes del día.
- Por el contrario debe mantenerse una comida liviana por la noche: la cena debe
ser la comida más frugal de la jornada.
- La cantidad de comida también es importante: un alimento puede ser fácil de
digerir en una cantidad prudente, pero cuando este límite es superado se
convierte en una bomba de tiempo.
- Comer lentamente: cuando los alimentos se tragan sin masticarlos, se pierden
muchos de los nutrientes que se absorben en las mucosas de la boca y además, el
bolo no fue correctamente preparado para ingresar al resto del tracto digestivo.
Esto inevitablemente causará pesadez.
- Hacer una alimentación variada. Algunas personas tienden a reemplazar las
comidas
fundamentales por un café y galletas dulces. Este no es un buen hábito para que
el aparato digestivo funcione adecuadamente.
- Comer de buen ánimo: los disgustos durante las comidas, las preocupaciones y
las ansiedades hacen que se cierre el estómago. Y esto provocará una mala
digestión.
- Hay un factor, llamado tolerancia individual, a ciertas frutas o verduras
consideradas
alimentos sanos. Esto quiere decir que existen ciertos alimentos que a la
mayoría de las personas les caen bien pero por razones individuales algunas
personas no los toleran. En ese caso deben aprender a reconocerlos y abstenerse
de comerlos para evitar problemas digestivos.
- Para facilitar la digestión pueden digerirse algunos digestivos
hepatoprotectores.
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