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No tema al fracaso

Se encuentra usted empantanado en una carrera profesional que no avanza, preguntándose por qué el éxito siempre está un poco más allá de su alcance. Todo un coro de lideres empresariales tienen la respuesta. El éxito lo elude a usted porque... ¡no ha tenido suficientes fracasos!

Muchos consejeros vocacionales preconizan el fracaso como un medio para el éxito. No se trata, por supuesto, de lanzarse a un desastre seguro para ser místicamente recompensado con el triunfo. Se trata, mas bien, de reconocer, simplemente, que las personas que se arriesgan a fracasar y aprenden de sus tropiezos son las que mas probabilidades tienen de triunfar en todo cuanto emprenden.

Si usted no se ha estrellado, quizá se deba a que está avanzando por inercia y corriendo muy pocos riesgos que lo pongan realmente a prueba. Claro, ha sufrido usted pequeños reveces en la escuela o en el amor, pero nunca ha fracasado en serio. Pero no se preocupe; nadie vive siempre una existencia a prueba de fracasos...

El fracaso es fácil de reconocer. "Por lo general, entraña pérdida de dinero, de autoestima o de posición social", afirma Carole Hyatt, coautora de When smart people fail ("Cuando falla la gente lista"). En el mejor de los casos es, en términos sencillos, no obtener lo que se desea.

No se trata de que las personas de mente racional deban desear que les ocurran calamidades, pero una buena dosis de infortunio a menudo es un maestro dolorosamente eficaz. Nos enseña algo acerca de nuestra fuerza y nos ayuda a conocer nuestras limitaciones. Y ese es el aspecto importante del proceso de madurar.

La gente que aprende de los descalabros es la clase de luchadores que buscan los buenos capitanes de empresa. "El éxito continuo fomenta la arrogancia y el engreimiento", asegura el multimillonario industrial H. Ross Perot. "Yo quiero gente que ame el campo de batalla; gente dispuesta a arriesgarse a fracasar". Y esto incluye cometer errores no dolosos. La gente que no alcanza el éxito, añade, instintivamente evita los riesgos, aun cuando una jugada audaz pudiera rendir buenos frutos. "Se aprende mucho más de lo que no funciona, que de lo que marcha bien". El fracaso, concluye, es sólo el costo de buscar nuevos retos.

Si la perspectiva de cometer errores lo paraliza, he aquí varias sugerencias:

1. No vuelva a mencionar la palabra "fracaso". Quienes alcanzan grandes logros, dice Charles Garfield, autor de Peak performers: the new heroes of american business ("Los grandes realizadores: nuevos héroes de los negocios norteamericanos"), rara vez hablan de "fracaso", palabra que sugiere un callejón sin salida.

A mediados de los años cincuenta, el empresario Victor Kiam, fabricante de la rasuradora Remington, perdió la oportunidad de adquirir los derechos de un producto desconocido cuando sus colegas lo desaprobaron. Ese producto era Velcro. ¡Ay! "Eso habría podido enfurecerme", dice Kiam, autor de Live to win ("Vivir para ganar"), "pero lo consideré otro tropiezo mas en el camino. Además, si yo no hubiera aprendido de ese error de juicio - de mi falta de confianza en mi mismo -, jamás habría comprado la Remington".

2. No lo considere algo personal. Cuando algo sale mal, ¿se etiqueta usted instintivamente como fracasado o perdedor? "El lenguaje que utilice para describirse puede convertirse en poderosa realidad", advierte Carole Hyatt. Calificarse repetidamente a si mismo de vendedor sin empleo no solo lo define como desempleado - sinónimo de fracaso en nuestra sociedad -, sino que también limita su potencial. Mas vale considerarse alguien "con opciones", sugiere Carole Hyatt. Y entre estas opciones está seguir cursos para desarrollar nuevas capacidades, o bien emprender valientemente otra carrera o negocio.

3. Esté preparado. Procure inmunizarse trazándose un plan de catástrofe. Pregúntese: ¿Qué es lo peor que puede ocurrir? Imaginar la pérdida del empleo o del cónyuge podría obligarle a considerar claramente alternativas prácticas. ¿Tiene usted suficientes seguros y reservas de dinero para capotear un temporal difícil?  ¿Tiene usted talentos que podrían darle ingresos pecuniarios si lo despidieran? Tenga presente que el ideograma chino que significa "crisis" consta de los caracteres tanto de "peligro" como de "oportunidad".

También puede ser decisivo ensanchar su sistema de apoyos. "Para hacer frente al fracaso", asevera Carol Hyatt, "es necesario llevar una vida equilibrada, centrada en la familia, los amigos y las aficiones". Ninguna empresa o empleo bastan para sostener toda la vida emocional.

4. Aprenda a fracasar inteligentemente. Jack Matson, profesor de la Universidad de Houston, Texas, creo un curso al que sus alumnos llamaron "Fracaso 101". Matson hizo que sus alumnos construyeran con palitos modelos de productos que nadie compraría. "Diseñaron tinas de baño para hámsters y unas cometas que podían volarse en huracanes", relata Matson.

Las ideas eran ridículas, pero en cuanto los discípulos de Matson equipararon el fracaso con la innovación y no con la derrota, se sintieron libres de intentar cualquier cosa. Como casi todos ellos fracasaron por lo menos cinco veces antes de encontrar su lugar en los negocios, aprendieron a no considerar el fracaso como la ultima palabra, concluye Matson.

Esos estudiantes descubrieron también los dos modos de fracasar. Probar las cosas en secuencia es lo que Matson llama "fracaso lento y estúpido". El proceso es tan largo, que la gente se cansa y se da por vencida. El "fracaso inteligente y rápido" significa poner en práctica varias ideas a la vez, y preparar más para la siguiente andanada. "El fracaso es el modo mas común y natural de explotar lo desconocido", asegura Jack Matson, "así que abrevie lo mas posible sus experimentos".

5. Nunca se rinda. La compañía constructora de Glen Early fracaso en 1975. Early, entonces de 25 años, prefirió hipotecar su casa a declararse en bancarrota. Siguió trabajando en la industria de la construcción, tratando de dominar las complejidades administrativas. En 1982 se armó de valor para pedir otro préstamo, a fin de volver a establecer su propio negocio; ya gozaba de una sólida reputación entre los bancos, por haber salido airoso de tiempos difíciles.

Early amplió cautelosamente su nuevo negocio de construcción. Siguió cursos universitarios de administración de empresas. En 1988, la compañía de Early apareció en la revista Inc. de las 500 compañías privadas de más rápida expansión en Estados Unidos.

Early no es jactancioso. Los recuerdos de los tiempos difíciles aún lo rondan. "No puedo darme el lujo de dormirme en mis laureles", declara. "Así que siempre estoy tratando de mejorar mi negocio".

Esa actitud, templada por el fracaso, es la que probablemente lleve a la cumbre a muchos emprendedores. Y usted también puede lograrlo.

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