1.
Sepa escucharlo. Muchas veces sólo
fingimos escuchar lo que dice. Estamos
tan ocupados buscando señales de
aprobación o desaprobación, o preparando
nuestra respuesta, que dejamos de
escuchar lo que nos comunican. Escuchar
bien significa, no sólo oír lo que el
jefe está diciendo, sino además, captar
lo que está dando a entender, y ser
capaz de resumir lo que dijo y de
responderle inteligentemente. ¿Cómo?
Deseche el nerviosismo y concéntrese en
lo que está diciendo su jefe o su jefa.
Véalo a los ojos, pero sin insistencia.
Tome notas. Cuando el jefe o la jefa
haya terminado de hablar, haga una breve
pausa para demostrarle que está
asimilando sus palabras y, después de
dos o tres preguntas, aclare
algunos puntos o resuma brevemente lo
que se ha dicho. Recuerde que a los
jefes les agradan las personas a quienes
no hay que repetirles las instrucciones.
2.
Haga comentarios breves. El tiempo
es uno de los recursos que más aprecian
los ejecutivos; para ellos, la brevedad
resulta esencial. Ser conciso no
significa atestar con una gran cantidad
de datos un apresurado monólogo. Quiere
decir hablar en forma selectiva, directa
y clara.
Conviene limitar los memorandos a una
sola página. Si tiene usted que dar un
informe detallado, empiece con un
sumario de una página. La redacción
eficaz refleja, no tanto la habilidad
para escribir, como la de pensar;
cerciórese de haber examinado a fondo el
asunto antes de empezar la redacción de
un informe.
3.
Recurra a la diplomacia. Si desea
usted probar algo, reúna todos los
hechos que apoyen la tesis y preséntelos
de tal manera que la idea sea
irrebatible. Trate, en la medida de lo
posible, de que su jefe o su jefa sea
quien exprese al final la idea.
Un
buen enfoque consiste en presentarle
varias opciones. En vez de proponer una
sola política o determinada acción,
preséntele una lista de posibilidades,
con todas sus ventajas y desventajas,
para que él o ella elija.
Así,
le facilitará a la persona que manda
tomar la decisión final, y usted se verá
obligado a considerar el problema en
todas sus implicaciones. El resultado
beneficiará a ambas partes.
Jamás
rechace precipitadamente una propuesta
del superior; quizá haya visto algún
mérito en lo que propone, o no le
pediría a usted su opinión. Si no logra
ponerse de acuerdo con él o con ella al
respecto, formule sus objeciones en
forma de preguntas ("¿Podríamos hacer
este cambio sin causar muchos
trastornos?") o como objeciones que tal
vez plantearan otras personas ("El
departamento de personal podría armar un
escándalo por esto"). Si puede usted
señalar que las objeciones se basan en
información pertinente de la que él no
disponía, mucho mejor.
No
tema darle (diplomáticamente, por
supuesto) malas noticias. El empleado
que está dispuesto a sugerir cortésmente
que "el emperador está en calzoncillos",
quedara mejor, a la larga, que aquellos
que a fuerza de adular al jefe lo
inducen a tomar decisiones erróneas.
4.
Resuelva los problemas de su propia
competencia. Nada hace perder más
tiempo - e influencia - a un
administrador, que los empleados
incapaces de resolver sus propios
problemas.
Superar las dificultades que sólo atañen
a usted mismo le ayudará a desarrollar
las capacidades y las relaciones que
necesita para trabajar con eficiencia e
incrementar su valor a los ojos del
jefe.
5.
Procure que el jefe tenga buena imagen.
Esta es la mejor manera de
relacionarse con el jefe. Destaque ante
los demás las cualidades del ejecutivo.
Manténgalo bien informado. Nunca dé
información nueva en una junta a la que
asista la persona que tiene el mando.
Expóngale los hechos con anticipación, y
que el jefe o jefa lleve la voz
cantante.
Para
que el jefe conserve buena imagen ante
los demás, quizá haya que dejarle
llevarse el crédito por alguna idea que
usted presentó. Mientras él o ella no
esté robándole las ideas en forma
sistemática, esto mejorará, a la larga,
la posición del subordinado. Alguien
dijo una vez: "Un hombre puede hacerle
un gran bien al mundo si está dispuesto
a dejar que otros se lleven el crédito".
Cuando el jefe tiene una buena imagen,
la de usted también es buena. Cuando
obtiene un ascenso, aumentan las
posibilidades de que lo asciendan a
usted.
6.
Acentúe lo positivo. Los ejecutivos
triunfadores son por lo general
optimistas que buscan ese mismo enfoque
en sus subordinados. Enfocar
positivamente no es meramente táctica,
sino una actitud mental constante.
Algunos hábiles subordinados evitan
emplear términos como "problema",
"crisis" o "contratiempo": describen las
situaciones difíciles como "retos" y
luego elaboran planes para enfrentarlos.
Al hablar de sus colegas con el jefe,
mencione las cualidades de esas
personas; no se refiera a los defectos.
Así, lo considerarán un buen compañero
de equipo y acrecentará su reputación de
saber llevarse bien con la gente.
7.
No se quede hasta muy tarde; llegue
temprano a la oficina. El trabajo
intenso demuestra entusiasmo y
dedicación, inspira a los demás y halaga
al jefe; al fin y al cabo, usted trabaja
para él. Cumpla horas extraordinarias al
principio, y no al final de la jornada.
Estará usted fresco y no cansado.
Además, llegar temprano significa:
"Estoy ansioso por empezar"; en cambio,
quedarse hasta muy tarde significa: "No
pude terminar mi trabajo".
8.
Cumpla las promesas. Los jefes
toleran los defectos de sus
subordinados, con tal de que las
cualidades de ellos los aventajen. Lo
que no pueden tolerar es la
incertidumbre. Si usted indica que puede
cumplir una tarea y no la lleva a cabo,
hará que el jefe le pierda la confianza.
Cuando
se dé cuenta de que no puede cumplir
determinada tarea, adviértaselo en
cuanto sea posible. Se molestará mucho
menos, que si se entera después del
incumplimiento.
9.
Conozca bien a su jefe. "Conocer es
poder", sentenció Francis Bacon. Sepa a
fondo cuál es la formación y la
experiencia de su jefe, su trayectoria
dentro de la compañía, sus hábitos de
trabajo, las metas que persigue, sus
gustos y desagrados.
Si es
fanático de algún deporte, tal vez no
sea sensato pedirle que resuelva un
problema pedirle que resuelva un
problema importante a la mañana
siguiente de una derrota de su equipo
favorito. El jefe perspicaz sabrá
apreciar al subordinado que lo conoce lo
suficientemente bien para prever sus
estados de ánimo y sus deseos.
Sea
prudente y no saque conclusiones
anticipadas. Si el jefe no hizo estudios
universitarios, quizá piense usted que
está celoso de la maestría en
Administración de Empresas que usted
posee. Pero tal vez a él le guste
alardear de tener a sus órdenes a un
profesional titulado.
10.
No penetre en su intimidad. Conocer
al jefe no debe llegar al extremo de que
el superior y el subordinado se hagan
amigos íntimos. Su jefe y usted no son
iguales en el ámbito de la compañía. La
amistad intima tiene un efecto
igualitario que a menudo resulta
peligroso. Se pueden intercambiar
confidencias de las que después se
arrepentirán; pueden exigirse esfuerzos
intempestivos, con lo que acaso se
coarten la libertad de pensamiento y
acción del subordinado. Estar demasiado
cercano al jefe puede ser causa de que
sus compañeros de trabajo desconfíen de
usted y traten de socavar su posición.
Quien finque su situación dentro de la
empresa únicamente en su relación
personal con el jefe, ha echado raíces
en un terreno tan poco sólido que el
menor chubasco lo barrerá.