Por D. Rafael Etcheverría
Director Honorario
La
mujer elegante y trabajadora
Seleccionando consultas recibidas sobre
protocolo y estilo, una de las más
reiteradas es el de las mujeres y hombres
que trabajan. Cedo la preferencia a las
mujeres. Principiaremos enumerando algunas
consideraciones de estilo y protocolo en el
vestir laboral.
Indiscutiblemente, la conveniencia y estilo
más favorecedor para cada persona sólo puede
darlo un especialista. Él sabrá qué conviene
más a sus líneas, personalidad, defectos y
cualidades.
Los primeros pasos para la elegancia
femenina laboral
Para dar un efecto siempre espectacular, con
refinamiento y femenina elegancia,
comenzaremos con indicaciones drásticas pero
siempre efectivas. Hay tanto error en los
ambientes laborales que con vestirse todas
en las mismas tiendas no se consigue el
resultado del maniquí del catálogo. No todas
las modas favorecen por igual ni las
personalidades o circunstancias son las
mismas.
Comenzaremos por el maquillaje, recordando
que debe ser un toque de vivacidad, no un
disfraz de personalidad. Colores suaves,
delicados, acordes a su tono de piel. Aquí
el principio es atenuar y resaltar, nunca
fabricar. Es muy caro para usted perder
categoría y dignidad por seguir modas o
sugerencias estridentes, ridículas o
descaradas. El maquillaje debe resaltar su
naturalidad: no es otra naturaleza.
En el vestido, por regla general,
excluiremos cualquier largo de falda que
exceda los límites del decoro y la
compostura. Esto lo decimos tanto para
mínimos escandalosos como para largos
absurdos para estos tiempos.
Las mujeres jóvenes y hasta declarada la
madurez, pueden usar el corte clásico de la
falda recta, cuatro dedos sobre la rodilla y
ruedo sencillo. Hay tantas posibilidades en
tipos de telas y diseños que los creadores
jamás podrían darse por superados.
Seleccione blusas de tonos claros además de
blusas blancas. Son el complemento perfecto
para cualquier combinación con faldas o
pantalones con un corte de calidad.
Esta medida le permitirá lucir siempre bien.
El corte sencillo favorecerá su feminidad y
elegancia. Si no supiera qué vestir, tenga a
mano un vestido negro de corte clásico, que
puede lucir incluso en entrevistas de
trabajo o una negociación importante.
Elimine de su armario o lista de compras
todas las trasparencias, vuelos y encajes.
Desvían innecesariamente la atención y la
rebajan como mujer. Excepción hecha de
algunas aplicaciones de encaje, pero es muy
raro que se consiga un buen efecto, salvo
que medie el consejo de un profesional de la
imagen.
Formas y colores
Al
seleccionar colores para combinar, ríjase
por el buen gusto, que siempre le sugerirá
lo discreto, femenino y armonioso. Una mujer
elegante se distingue por saber combinar
entre el azul marino, el gris, el marrón,
beige y el negro, dejando los pasteles con
oportunas combinaciones adicionales. Evite
estampados si no se los aconseja un
especialista después de estudiar sus
proporciones corporales. Los rayados
verticales la hacen aparecer más alta y los
horizontales la abultarán.
La ventaja de los colores mencionados, en
tonos neutros, le permitirán variar tanto
sus prendas que no es necesario presentarse
dos veces vestida del mismo modo. Siempre se
lucirá vestida de formas nuevas. Por lo
mismo, en cuanto esté a su alcance, escoja
prendas de calidad y buenos cortes. Evite
comprar por cantidad, moda o diseñador.
Vista lo que le favorezca, no lo que le
vendan.
Éste es el gran problema que presentan las
insignias visibles de los modistos y casas
de vestir. La hacen parecer vulgar o
pretenciosa y casi siempre pasada de moda
cuando el furor mudó de preferencia en el
vestir.
Accesorios
Lo mismo diremos de cualquier toque de
adorno. Es un toque, no una exhibición.
Siempre lleve adornos, jamás aparezca sin un
toque de feminidad. Pero no se sobrecargue o
desmerezca el cuidado que puso en el
vestido.
Siempre lleve consigo un bolso, procurando
conservar una proporción relativa a su
altura y condición. Los bolsos grandes no
suelen ser discretos, ni menos las carteras
escolares en mujeres de trabajo. Lleve su
bolso con elegancia, colgando de un hombro,
sin cruzar sobre el pecho ni colgando de la
espalda. Si es valija de mano, que sea
discreta y poco embarazosa para movilizar.
El principio del bolso es que no se note al
portarlo.
Sus medias deben hablar de su elegancia.
Evite que formen arrugas o presenten manchas
o agujeros. Escoja colores sumamente
neutros, y sin calados o figuras que hablen
de otra clase de mujer, con las que
obviamente le ruborizaría ser confundida.
Cerraremos con los pies. Piense en su
comodidad y elegancia. Los tacos siempre
vienen bien, sin exagerar las proporciones.
Los tacos altos se reservan para contadas
ocasiones. No están permitidos zapatos de
materiales baratos o vistosos, ni zapatillas
de deporte, por muy cómodos o modernos que
se les tenga.
Finalmente, en cuanto aromas, sugerimos una
femenina discreción. Es bello y sanamente
coqueto que la mujer siempre lleve encima un
aroma que la identifique y haga recordar.
Prefiera aromas suaves, cálidos o frescos.
Procure en su elección que sean de buena
calidad, aunque adquiera pequeñas porciones
del preparado hasta que sepa exactamente
cual acompaña mejor a su persona. Que su uso
nunca exceda el límite que impone la caridad
para con los otros hijos de Dios.
Evite invadir sus personas con los aromas de
su adquisición. Un perfume bien aplicado,
permanece como una delicada prolongación de
su persona. No es una declaración de guerra.
Y si al terminar todo un día laboral, usted
logra incomodar a los usuarios que comparten
su ascensor, elimine el perfume o modere su
uso.
Si nos regimos por estas pocas reglas de
sentido común y delicadeza de sentimientos,
obraremos cambios maravillosos. La mujer
trabajadora lucirá perfecta, femenina y
recatada. Así, podrá realzar todos los
encantos que Dios puso en ella, sin romper
con los mandamientos divinos y las razones
del buen gusto.